Después de haber vivido más de 4 décadas, es inevitable sentir alguna vez que hay momentos impactantes que no tienen olvido. Los personales se quedarán conmigo, pero como ciudadano de Costa Rica, un recuento no me viene mal. ¿Vivió usted lo mismo o le importó tanto como a mí en estas últimas décadas lo que sigue? Hagamos el experimento...
En el fútbol me doy por satisfecho, más de la cuenta y de lo que esperaba. Puedo mencionar especialmente dos mundiales, el primero sin duda es Italia 90, el otro fue el 2014. En ambos la sorpresa imperó y por eso la maravilla. También pude vivir el tercer lugar de Saprissa en el Mundial de Clubes y su declaratoria como el mejor equipo del siglo.
En deporte, además, es de digna mención histórica la gesta de las hermanas Poll en las olimpiadas, obteniendo las únicas medallas en la historia de Costa Rica. También recuerdo con alegría cuando el tico José Luis Molina ganó la maratón de Los Ángeles, una gesta usualmente olvidada.
En lo político hubo otro momento mágico: la elección del primer gobierno PAC, no solo porque yo he sido un partidario del pensamiento y acción de esta agrupación, sino porque se logra romper el bipartidismo histórico a nivel partidario, aunque ya se venía gestando desde el 2002. Además porque ya muchos daban por muerto al PAC y porque es la remontada de la socialdemocracia en el ideario político costarricense. Finalmente, porque la izquierda tira más de su lado y detiene el avance confuso e incluso corrupto de alguna derecha apartidaria y más preocupada en los negocios que en la política y mucho menos aún en el país.
Ese momento tuvo un precedente mágico también: la crecida asombrosa del PAC en el 2002 que logró llevar las elecciones nacionales a una segunda vuelta, como no había sucedido hacía muchísimos años.
El otro suceso político inolvidable incluye una derrota que me supo a triunfo: el referendo por el TLC. ¿Por qué me supo a triunfo? Nunca imaginé siquiera que el movimiento cívico y patriótico de este país llegara cerca o estuviera a punto de romper los hilos de marioneta que traía impostados en los últimos años. El dominio empresarial, de los políticos empresarios o empresarios políticos, se empieza a resquebrajar y se exhibe su moral y su ética como nunca antes. El TLC en el 2007 fue el clímax de una lucha social que venía enervando el pensamiento de los costarricenses. Y lo viví y fui un NO al TLC, y creo que nunca me arrepentiré de ello, tomé la mejor elección.
No voy a negar, de ningún modo, que me siento feliz por vivir la época del Papa Francisco. Sin ser religioso ni católico, más humanista y espiritual que otra cosa, el Papa Francisco ha venido a transformar no solo esa anacrónica y retrógrada religión, sino los preceptos, creencias y ética de la sociedad contemporánea. Un líder de este vuelo incluso guarda el respeto de los más ateos, escépticos y críticos del cristianismo. Joaquín Sabina, el cantautor, se dejó decir que le preocupa este Papa: "es el único que ha demostrado creer en Dios", dijo.
El cambio del siglo y de milenio fue todo un evento que no se olvida. La famosa amenaza de las computadoras en cero, los fanáticos religiosos hablando del fin del mundo y estupideces afines, la ansiedad y los nervios por vivir justo el instante de las doce medianoche de ese día, son parte de un cúmulo de cosas que le dieron poder a ese cambio histórico. No son muchos los que han venido a este mundo que pueden pasar a la vez un cambio de siglo, pero además un cambio de milenio. Recuerdo una señora que a las once y media de la noche lloraba desconsolada en la puerta de un culto y alguien le preguntó: "no estoy preparada para morir en el fin del mundo", dijo ella. Alguien se acercó y le dijo: "señora, ya el cambio de año pasó, en Australia, Japón y otros lugares, y nada pasó, tranquila". Ella no entendió pero algo le decía que mejor se tranquilizaba.
En 1989-1990 también me permeó fuertemente la caída del bloque socialista soviético, la caída del muro de Berlín y mi ingreso a la Universidad de Costa Rica en el año 1991. Mi mundo se transformó, del pueblerino ingenuo y usualmente feliz, aunque aburrido, pasé a ser un joven lleno de asombro. Unos años antes Óscar Arias había ganado el Premio Nóbel de la Paz después de un proceso de pacificación exitoso que devolvía a Nicaragua y El Salvador de una época de terror, odio y dolor. Luego Arias perdió el rumbo y el poder lo embelesó, y sobrevino una década inerte, torpe, perdida.
También pude vivir la elección del primer Presidente negro en los Estados Unidos, la muerte de un extraordinario como lo fue Nelson Mandela y ver la locura de dos aviones comerciales estrellándose contra las "Torres Gemelas" de Nueva York, en lo que sería una histórica transgresión del islamismo al poderío unipolar estadounidense.
Me tocó vivir varios terremotos, particularmente recuerdo el de la Semana Santa de 1983 en Pérez Zeledón que me paró los pelos como nunca antes. Vivía en Coto Brus y vi los árboles moverse como si fueran decoración. El otro inolvidable fue el de 1991, el de Limón, que me agarró en el tercer piso de la Escuela de Generales de la UCR, en pleno curso de Humanidades, a solo unos minutos de exponer mi tesina con otros compañeros. En ese momento, precisamente, una compañera estaba leyendo sus fichas frente al aula, cuando sentí como que me movieron la silla... lo demás fue caos, llanto y vidrios y ladrillos cayendo en los pasillos. En el 2000 hemos tenido muchos terremotos de mediana intensidad, pero quizás es el de Cinchona por cercano el que más revuelo e impacto me causó, principalmente por la desgracia humana que trajo, al igual que los de Pérez Zeledón y Limón.
¿Y quién olvida el eclipse de sol que vivimos en julio de 1991 -este año junto con el 2015 se confirman como los más intensos en la historia patria o, al menos, en la personal-? A las 2 pm las gallinas yendo al gallinero, los animales asustados ocultándose, los protectores solares para verlo y, no podían faltar, las supersticiones y amenazas de tragedia apocalíptica de los cultos. Maravillas que uno solo verá una vez.
Pero si de rebeldías naturales se trata, indudablemente también recordaré -si vivo para contarlo- que fui parte de las erupciones decididas y reiteradas del volcán Turrialba, que saboreé en mi boca el sabor de su ceniza y que la barrí de donde vivía en ese momento, muy al oeste, en Pavas, San José.
Un acontecimiento que me llenó especialmente de alegría fue ganarle el juicio a Industrias Infinito y su intenciones de minería en Crucitas, y erradicar de Costa Rica la minería a cielo abierto, porque se dio casualmente el mismo día del nacimiento de mi segundo hijo: el 24 de noviembre de 2010.
Uno que otro acontecimiento importante estaré olvidando, por eso me dejo la prerrogativa de ampliar esta nota en cualquier momento. Y usted, ¿cuáles momentos le resultan inolvidable y que agradece haber vivido?
Este es el blog de Geovanny Debrús Jiménez, en su quehacer como escritor. Lugar para enfrentar la realidad y el entorno a pura palabra, poetizando, ensayando, narrando o simplemente articulando... Este es el lugar de reflexión donde la transgresión y la irreverencia tendrán su lugar, donde escribir se convierte en un arte personal.
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domingo, 5 de abril de 2015
jueves, 10 de abril de 2014
Cuando los artistas pasan a segundo plano por el interés privado
De manera apresurada y sorpresiva, entró a la corriente legislativa en sesiones extraordinarias, impulsada por el Ministerio de Cultura y Juventud, un proyecto de ley que pretende crear el Centro Nacional de las Artes Escénicas (Cenae). Una ley que no fue consultada, mucho menos consensuada, con el gremo de las escenas costarricenses (teatro y danza, principalmente).
Y uno que puede ser menso, pero no manso, sospecha cuando esas cosas suceden en la acción política. Y ciertamente, el asunto no huele bien, y no lo hace solamente por su carencia de legitimidad artística, sino porque además su contenido es como aquel refrán: "cuando el río suena, piedras trae".
La propuesta surge por razones en principio válidas: hay que evitar que algunos funcionarios de confianza adquieran condición de servicio civil y se vuelvan inamovibles, pero además hay que agilizar los procesos y el funcionamiento del Teatro Popular Melico Salazar y de las entidades que estarían adscritas a esta entidad: las dos compañías y los dos talleres nacionales (de teatro y danza), así como el programa Proartes.
Evidentemente, para crear esta entidad, cuyo personal será alimentado por el actual de esas entidades -lo que requerirá una reorganización administrativa-, debe eliminarse la ley actual del Melico Salazar. Muchas de las funciones de esa ley vieja pasarían a la nueva.
Hasta aquí, pareciera bien, sin embargo...¿adivinen qué? Hay gallo tapado. Me explico: la propuesta del Cenae crea la figura de un "Director Ejecutivo" con gran poder, funcionario de confianza del ministro de turno, que podrá contratar hasta cierto monto concedido por la Junta Directiva, lo que facilitará la dinámica para que las empresas privadas de espectáculos (las productoras) puedan no solo pagar menos de la tarifa actual, sino vender bienes y servicios a la entidad con más facilidad. Eso podría verse bien, pero resulta que en la Junta Directiva, como en la Dirección Ejecutiva, los artistas brillan por su ausencia. Todos los puestos de la Junta serán nombrados por el ministro y serán profesionales principalmente técnicos: un abogado, un economista o administrador y un representante del Ministro (o él mismo), así como "dos representantes del
sector de las artes escénicas nacionales que no tengan vinculación laboral o
contractual al Cenae" (Ley 19045). Es decir, esta Junta Directiva, en conjunto con la Dirección Ejecutiva, podrá decidir y disponer de los recursos que son para los artistas de los programas adscritos (CNT, CND, TNT, TND, Melico Salazar y Proartes), sin que ellos puedan hacerlo. Según entiendo, no serían sus intereses los que ejecute ese director o esa junta, sino otros impoderables.
Es creado, empero, un Consejo Artístico Asesor, que conformaría los directores de los 6 programas adscritos, aunque sus funciones solamente serán la de coordinar los programas con el Director Ejecutivo, los proyectos conjuntos y el desarrollo de nuevos. Pero el tema de la contratación queda en manos exclusivas de la Junta y el Director Ejecutivo, así las cosas si la CND quiere hacer una gira con un productor de calidad, adecuado a la especificidad artísticas y mejor precio, al final tendría que ajustarse al que decida el Director Ejecutivo o, en último caso, la Junta. En otras palabras, los artistas no tendrán poder sobre los recursos que son para ellos.
En el sentido democrático, además, esta ley propicia un desbalance en el principio democrático de los pesos y contrapesos, porque el exceso de poder en unas manos permitirá, tarde o temprano, el amiguismo y el tráfico de influencias, así como el clientelismo, detestable práctica en la dinámica política costarricense.
Pero además, el Cenae pasaría a administrar varios reductos escénicos importantes, como son el Teatro 1887, el de la Danza, el salón Marco
Lemaire, el Teatro La Aduana y la Sala Juan Enrique Acuña del Museo Calderón Guardia, espacios que usualmente están siendo usados por los productores de espectáculos escénicos.
Asimismo, la nueva ley faculta al Cenae para recibir donaciones: "contribuciones, patrocinios y donaciones, de
las instituciones públicas, de las municipalidades, de las empresas privadas,
de las organizaciones civiles y de personas particulares".
Así las cosas, no es extraño que los productores independientes de la escena (los que traen conciertos, los que venden servicios de tarimas, sonido, entre otros), estén muy interesados con que esta Ley sea aprobada lo más rápido posible. Por otra parte, aunque ciertamente se agilizará la dinámica de contrataciones, es relevante que estas contrataciones no corresponderán necesariamente al interés del artista, y esa puerta ya no podría ser reglamentada. Y eso, en principio, no huele bien.
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martes, 11 de marzo de 2014
12 años (o toda una vida) de esclavitud: del pasado, el presente y las formas
Don Rosendo (Pillo, como le dicen) camina por la orilla de un camino empedrado a ratos, en otras con charcos inmensos forjados por grandes camiones de las bananeras que llevan al fruta más allá de donde él alguna vez pueda imaginar. Pero alto. Usted imaginará que este es un relato costumbrista de los tiempos de Mamita yunai de Carlos Luis Fallas o Murámonos Federico de Joaquín Gutiérrez. Pero no lo es.
Lo cierto es que NO lo es. Lo pude ver hace unos meses y lo puedo resumir: don Rosendo ha vivido toda una vida de esclavitud, con la cutacha y el sombrero, quemado por el sol y la vida; deprimido toda esa vida, pero no lo sabe; resignado como un esclavo de las plantaciones de algodón al sur de Estados Unidos hace dos siglos. Su realidad es una: es contratado cada tres meses por grandes empresas de grandes plantaciones -como las del político costarricense Antonio Álvarez Desanti o la Chiquita Brand, entre otras-, luego lo botan y él debe migrar a otras plantación en busca de otro nuevo chance de hacer la plata para el diario de su familia, y el guaro donde ahoga su miseria. No tiene más que un rancho en una propiedad que durante décadas ha ocupadó y que el gobierno no ha terminado de entregarle (un obsequio del IDA y el antiguo Estado Benefactor que desapareció del país), ha votado por el PLN o el PUSC con la ilusión de que le den el bono de vivienda; pero nada hasta ahora. Lo han puesto en listas y él se va contento a celebrar con contrabando hasta que al día siguiente se despierte en cualquier zanja, aún más deprimido por la resaca. Trabaja duro, su dignidad se lo manda, bajo el ardor del sol y la punzada en la espalda (no quiere ir al hospital porque le da miedo que lo maten más bien, eso dice). No tiene tiene tierra propia para cosechar y cuando logra alquilar algún pedazo, la cosecha se pierde porque no debe cuidarla y además trabajar en la piñera que le tocó esta vez. Y si cosecha, los revendedores le pagan una miseria que apenas le da para recuperar lo invertido y darse una buena borrachera. No sabe leer más que los rótulos, no entiende nada de cultura, pero aprendió a tocar un poco de guitarra para tirarse unas rancheras con el guaro de consuelo. Sus hijos ya desertaron de la escuela y ahora trabajan con él, pero apenas tienen 10 y 12 años. "Los maestros aquí no enseñan, vienen a sufrir un rato mientras logran irse para otro lugar", dice. La mayor ya quedó embarazada a los 16 años y ahora vive con un chamaco que, también, trabaja sin garantías sociales como él, en las grandes plantaciones del Caribe costarricense.
Como don Pillo, hay miles. Todos van a un lado del camino, con la cutacha, el sombrero y viejas camisas manchadas de sudor y tallo de banano. El que más tiene, anda en bicicleta. Son los esclavos modernos.
Después de ver la película "12 years a slave", basada en un hecho real, y que fue premiada varias veces en los Óscar recientes, no puedo dejar de pensar y sentir esa realidad de la esclavitud con la realidad de los trabajadores de las grandes plantaciones en la actualidad. Y no exagero, las barracas (casas de los peones) y el entorno húmedo y de sometimiento por la ignorancia (nadie reclama y nadie defiende al que tiene razón y reclama), crean todo un contexto ambiental, social y humano muy parecido. Es todo un modelo construido hace más de dos siglos atrás.
He estado ahí y es lo mismo, incluso dentro de la misma comunidad que se termina resignando, de forma incomprensible para uno, a los designios de lo que les rodea, al poder del dinero para sentirse valer algo, al poder del capataz que es arbitrario, estúpido e inhumano, a los pagos miserables para trabajos muy duros, a la carencia absoluta de apoyo gubernamental (el gobierno se hace el ciego-sordo-mudo) para la educación, la cultura y las soluciones de empleos alternativos, emprendedurismo, entre otras.
Todo una realidad cuya diferencia es una libertad de mentirillas -esa para caminar deprimido por las calles, al lado del camino-, solo posible con dinero, pero nunca se tiene y se ahoga en licor y vicios. ¿Qué tan largo en el tiempo estamos de la esclavitud inventada por los anglosajones para someter pueblos al capitalismo y la ambición de unos pocos? Me temo que la respuesta puede ser desalentadora...
Por todo eso no es sorpresivo que en estos lugares se haya "desencadenado" el crecimiento de la violencia, de la miseria y la pobreza, el desencanto político y todos los índices sociales, sean de pena nacional. Aspiro que este gobierno que ahora ingresa al poder, realmente se ponga las pilas y se concentre en este gran reto.
Lo cierto es que NO lo es. Lo pude ver hace unos meses y lo puedo resumir: don Rosendo ha vivido toda una vida de esclavitud, con la cutacha y el sombrero, quemado por el sol y la vida; deprimido toda esa vida, pero no lo sabe; resignado como un esclavo de las plantaciones de algodón al sur de Estados Unidos hace dos siglos. Su realidad es una: es contratado cada tres meses por grandes empresas de grandes plantaciones -como las del político costarricense Antonio Álvarez Desanti o la Chiquita Brand, entre otras-, luego lo botan y él debe migrar a otras plantación en busca de otro nuevo chance de hacer la plata para el diario de su familia, y el guaro donde ahoga su miseria. No tiene más que un rancho en una propiedad que durante décadas ha ocupadó y que el gobierno no ha terminado de entregarle (un obsequio del IDA y el antiguo Estado Benefactor que desapareció del país), ha votado por el PLN o el PUSC con la ilusión de que le den el bono de vivienda; pero nada hasta ahora. Lo han puesto en listas y él se va contento a celebrar con contrabando hasta que al día siguiente se despierte en cualquier zanja, aún más deprimido por la resaca. Trabaja duro, su dignidad se lo manda, bajo el ardor del sol y la punzada en la espalda (no quiere ir al hospital porque le da miedo que lo maten más bien, eso dice). No tiene tiene tierra propia para cosechar y cuando logra alquilar algún pedazo, la cosecha se pierde porque no debe cuidarla y además trabajar en la piñera que le tocó esta vez. Y si cosecha, los revendedores le pagan una miseria que apenas le da para recuperar lo invertido y darse una buena borrachera. No sabe leer más que los rótulos, no entiende nada de cultura, pero aprendió a tocar un poco de guitarra para tirarse unas rancheras con el guaro de consuelo. Sus hijos ya desertaron de la escuela y ahora trabajan con él, pero apenas tienen 10 y 12 años. "Los maestros aquí no enseñan, vienen a sufrir un rato mientras logran irse para otro lugar", dice. La mayor ya quedó embarazada a los 16 años y ahora vive con un chamaco que, también, trabaja sin garantías sociales como él, en las grandes plantaciones del Caribe costarricense.
Como don Pillo, hay miles. Todos van a un lado del camino, con la cutacha, el sombrero y viejas camisas manchadas de sudor y tallo de banano. El que más tiene, anda en bicicleta. Son los esclavos modernos.
Después de ver la película "12 years a slave", basada en un hecho real, y que fue premiada varias veces en los Óscar recientes, no puedo dejar de pensar y sentir esa realidad de la esclavitud con la realidad de los trabajadores de las grandes plantaciones en la actualidad. Y no exagero, las barracas (casas de los peones) y el entorno húmedo y de sometimiento por la ignorancia (nadie reclama y nadie defiende al que tiene razón y reclama), crean todo un contexto ambiental, social y humano muy parecido. Es todo un modelo construido hace más de dos siglos atrás.
He estado ahí y es lo mismo, incluso dentro de la misma comunidad que se termina resignando, de forma incomprensible para uno, a los designios de lo que les rodea, al poder del dinero para sentirse valer algo, al poder del capataz que es arbitrario, estúpido e inhumano, a los pagos miserables para trabajos muy duros, a la carencia absoluta de apoyo gubernamental (el gobierno se hace el ciego-sordo-mudo) para la educación, la cultura y las soluciones de empleos alternativos, emprendedurismo, entre otras.
Todo una realidad cuya diferencia es una libertad de mentirillas -esa para caminar deprimido por las calles, al lado del camino-, solo posible con dinero, pero nunca se tiene y se ahoga en licor y vicios. ¿Qué tan largo en el tiempo estamos de la esclavitud inventada por los anglosajones para someter pueblos al capitalismo y la ambición de unos pocos? Me temo que la respuesta puede ser desalentadora...
Por todo eso no es sorpresivo que en estos lugares se haya "desencadenado" el crecimiento de la violencia, de la miseria y la pobreza, el desencanto político y todos los índices sociales, sean de pena nacional. Aspiro que este gobierno que ahora ingresa al poder, realmente se ponga las pilas y se concentre en este gran reto.
lunes, 18 de febrero de 2013
Un Premio García Monge a "Informe 11 las historias" muy cuestionable
El Premio
Joaquín García Monge a la promoción cultural, en esencia, fue creado para
incentivar aquellos esfuerzos de una persona en ese sentido, es decir, para
estimular esfuerzos en la divulgación de los valores culturales costarricenses.
García Monge así lo hizo con la literatura desde la maravillosa vitrina de su
Repertorio Americano, una revista latinoamericana progresista para su época;
con mucho esfuerzo, con pocos recursos y con el deseo de dar a conocer a los
talentos de las artes literarias y visuales. En esencia este no es un premio
meramente periodístico.
La ley de Premios Nacionales
(creada en 1961) dice que este reconocimiento se dará "a quien haya realizado, dentro del país o fuera de
él, una labor de divulgación y promoción de los valores
culturales costarricenses, por medio de la prensa, la radio o la
televisión, o bien una labor educativa en cualquiera de esos medios dentro del
país".
Este año un jurado formado por los periodistas Lorna Chacón, Rocío
Álvarez y Boris Ramírez decidió darle el premio para el 2012 al programa
"Informe 11 las historias", situación que varias personas han
considerado desacertado por varias razones. Me uno a esa reflexión y expongo a
continuación las inconsistencias del caso:
1) Aún cuando en años anteriores algunos jurados decidieron darlo a
entidades, la ley dice que el premio
debe darse "a quien" no dice "a quienES". Sin embargo,
premiar entidades o programas últimamente se ha vuelto usual: Canal 15, Radio
Universitaria (con ella se inicia la moda desde 1992), programa Café Palace,
programa de producción audiovisual de la UNED y ahora Informe 11. En esencia,
no molesta que un programa o entidad que promueve y da a conocer la cultura sea
premiado, pero en este último caso hay otras inconsistencias:
2) El García Monge es un premio para
quienes divulguen la cultura como actividad principal, no como rebote, es
también parte de su esencia. Premiar un programa que se encuentra por rebote a
la cultura en busca del raiting popular,
que se centra en lo chabacano y que no tiene cuidado ni investigación de los
significados culturales, es premiar a una cultura de lo pueril, de lo mediático
y de lo fácil, más que una cultura de la reflexión, del análisis y, muy
importante, del ideal para el verdadero desarrollo social y cultural de un
país. No rechazo, en lo absoluto, el folclor y lo popular, pero considerar
cultura solamente a lo folclórico es considerar a la cultura un valor agregado
del turismo para anglosajones. Un ejemplo de lo dicho con respecto a
"Informe 11 las historias" fue la "cobertura" del
"Juego de los Diablitos" en Rey Curré; ahí estuvimos y
vimos al personaje conocido como "El Galán" haciendo uso de lo más
burdo del entendimiento popular sobre nuestras tradiciones culturales
indígenas: su apreciación de los diablitos fue de unos seres malos y cargados
de esa aura de temor, aún cuando la tradición más bien quiere dar a conocer que
son los diablitos (paganos contra los españoles de la conquista genocida)
quienes deberían ser vistos como los buenos y quienes al final logran
sobrevivir y triunfar ante el toro. Pero ahora gracias a "Informe 11 Las
Historias" la gente entiende que los diablitos indígenas son los malos,
reproducción del prejuicio arraigado en nuestra cultura xenofóbica. ¿Investigaron un poquito
antes de irse para allá, entendían de qué se trataba esta tradición, REALMENTE
les importaba dar a conocer la cultura o la cultura es el útil para el raiting?
Y eso
sucedió solo una semana después de anunciado el premio de marras. Indignante.
3) En la línea de lo anterior y reforzando el criterio de que un programa como este reduce la cultura a
lo simplón y trivial, agregamos lo que sigue. En esta misma línea, hago eco del comentario de Soren Vargas sobre
el hecho de que el actor (Galán) hace su trabajo: “le toca dar la cara por empresas de
comunicación que banalizan la profundidad cultural para convertirla en otra
hamburguesa”. Y agrego este comentario del periodista cultural Eduardo
Muñoz, quien opina que para este programa premiado “el acervo cultural es algo
accesorio, pintoresco, curioso, inactual o folclórico, pero nunca dimensionado
en el contexto en el que ocurre, como si lo hacemos los periodistas y promotores
culturales. No critico que haya ese tipo de programa, lo que critico es que lo
pongamos al mismo nivel de un Alfonso Chase, Carlos Morales, Dionisio Cabal y
el Semanario Universidad, para mencionar algunos que si lo merecieron de verdad”. Por eso mismo, el argumento de Boris Ramírez, jurado, de que “Hoy día, los efectos virales de la masificación; los esfuerzos de la industria del consumo por crear íconos desde la mercancía y la debilidad en el apoyo a una política pública vigorosa, son factores que amenazan las manifestaciones culturales diversas de la identidad nacional” y que por eso se lo dan a Informe 11, es sencillamente tan incomprensible como incoherente. Asimismo, como cierre estamos claros de que este programa “es un claro ejemplo
como la producción televisiva en un afán de no polemizar, sino solo de
entretener, ignora intencionalmente el contexto, y reduce la nota sobre un acto
creativo a la ´señora que se la juega pintando´, o ´al doncito que es un gato
haciendo esculturas´, o ´la viejita cocinera”, como bien afirma Muñoz. Por
eso tampoco es de recibo cuando Ramírez dice que "Informe 11 es un oasis en medio de la banalización que vemos en
la televisión. Su formato televisivo refleja una importante capacidad de
producción (que) aprovecha un espacio estético pleno de vínculos y
significaciones sociales”, criterios que me siguen pareciendo
incomprensibles.
4) El García Monge NO es un
premio para valorar la calidad de la producción televisiva o audiovisual, o la
propuesta periodística de un medio; es más bien para hacer feliz a un
verdadero interesado en la cultura y que realiza esfuerzos por llevarla a
muchos espacios, que la gente la conozca y la conozca adecuadamente. En este
sentido, sobran a la vista ejemplos de galardonados anteriores: audiovisuales
de la UNED, Evelyn Ugalde, Canal 15, Aurelia Dobles, Patricio Primus, Osvaldo Valerín,
Manuel Delgado, entre otros. Como usted podrá apreciar en los argumentos del jurado y
según lo que escribe el mismo Boris Ramírez, el formato televisivo
es el componente central desde el cual se valora el supuesto aporte del programa.
Es comprensible si nos damos por enterados que los decisores este año fueron 3
periodistas, uno del MCJ, otro del Colegio de Periodistas (Colper) y una
tercera de la UNA (quien de paso no firmó el acto por ausencia ¿voluntaria?).
Para premiar el esfuerzo del periodismo está el “Premio Pío Víquez” que da el
MCJ, que también tiene un representante del Colper en el jurado. También está
el conocido “Premio Vargas Gené” que emite el mismo Colper también. Incluso los
alicaídos “Premios Áncora de La Nación” tienen una categoría de producción
televisiva, en la que curiosa y acertadamente
ganó, sí, Informe 11 las historias. Asimismo, si lo que se quería era
premiar la difusión del folclor y la tradición costarricense entonces para eso
existe en el mismo MCJ el “Premio de Cultura Popular Tradicional”, no el García
Monge. La esencia del García Monge no es la de un premio al periodismo, es un premio a la cultura en primer lugar.
4) Los premios del Ministerio de Cultura fueron creados para estimular la cultura –así como la ciencia, pero no
viene al caso- aportando un incentivo
económico a proyectos relevantes para la difusión de la cultura, con ese
espíritu fueron creados y así fueron entregados durante décadas. La razón
principal de ser de ese estímulo es que fuera económico, por eso la Ley lo dota
de 8 salarios base de un profesional 3 del Estado (que ronda los 8 millones de
colones). Premiar un programa con capital transnacional y amplios recursos para
su trabajo –buscar el rating- es como darle un premio económico del gobierno a
Carlos Slim –el mayor millonario del Mundo- por su “valioso aporte” a las
telecomunicaciones. Aquí, nuevamente, el
García Monge pierde su esencia original y malogra fondos estatales –a no
ser que el programa donara el premio a algún proyecto cultural realmente
importante, y menciono el ejemplo del Proyecto Jirondai y su magnífico trabajo
para la difusión del canto, la música y tradición cultural indígena, tanto
dentro como fuera del país (como lo pide la misma Ley).
5) Asimismo, es importante decir que también es una pena que no se premie e incentive el esfuerzo que realizan los
medios alternativos de comunicación, que sin recursos y en condiciones de
pobreza –por no decir miseria en algunos casos- realizan un trabajo muy
importante por amor a la cultura. También es importante considerar en el
futuro al Movimiento de la Cultura Viva Comunitaria, que lleva cultura a
comunidades mediante programas importantes como las peñas culturales.
5) Por último, el dar un premio cultural a un programa que “solamente se interesa por las historias positivas”
reafirma esa visión explotada a nivel gubernamental del “país más feliz del mundo”, que le
resta realidad y le quita –como ya dijo Muñoz- criticidad y veracidad a la cultura. La cultura es diversa,
amplia, contradictoria, buena y mala, norte y sur, ecléctica, independiente y
pasión también.
¿Qué no estoy de acuerdo por razones personales porque yo esperaba
ganarlo, que mi razón tiene que ver con que rechazo a los medios masivos
transnacionales? Eso sería reducir todos estos argumentos a lo personal y creo
que no viene al caso, estas razones se sostienen por sí mismas.
Con todo el respeto que me merecen profesionales como Boris Ramírez y
Lorna Chacón –quien ostenta ahora el cargo de Jefa del Despacho del Ministro de
Cultura-, pero creo que este año, en palabras de “Hablando claro” –el programa
de Vilma Ibarra y Boris Ramírez- habrá que aplicarles “la cajita blanca encharolada”
a los jurados, con este desacierto cultural. De hecho, esta la primera vez en la
que muestro desacuerdo con el otorgamiento de este premio.
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