En esto de escribir y ser analista, usualmente uno logra efecto y trascendencia cuando dice cosas arriesgadas y valientes, aunque también contradictorias o polémicas. Pero lo más triste de ello es que luego te lo cobren, normalmente porque no escribiste lo que deseaban algunos grupos ideológicos en respaldo de sus intereses. En ese caso, el mérito que podás tener no radica en la razón necesariamente -aunque la tengás-, sino en la posibilidad que tenés de congeniar con el pensamiento de un grupo.
En Costa Rica, es idiosincrático que además de cobrarte una posición, mucha gente no te lea, pero te juzgue con una facilidad patética. El título en eso cumple con su tarea, la de llamar la atención de los perezosos que solamente leen un renglón, o tal vez el primer párrafo, y a partir de ahí te juzgan.
El otro grupo, el que leyó hasta aquí -al tercer párrafo-, usualmente es el que esté leyendo para lograr dos cosas: encontrar dónde está el hueco de lo que decís y contradecirte, o bien encontrar una forma de desestimar tus razones a partir del ad hominem, es decir, de cómo desacreditar lo que decís solo porque sos vos, porque antes decías una cosa y ahora otra, o bien, porque tus criterios no son un cheque en blanco que responden solamente a una ideología marcada y definida, si no que son parte más bien de un ejercicio mayéutico (Platón), perseverante, que puede cambiar porque aprende.
Y si usted ya leyó hasta aquí, le agradezco me permita contarle que en mi caso el gran problema es tener pasión por el análisis (político, cultural, literario), pero principalmente por la escritura. Usualmente, cuando ya me tiro a escribir un artículo es porque hay un proceso de reflexión previo, que en una parte se da por la interacción de las redes sociales (tanto Facebook como Twitter), pero que también tiene que ver con la discusión y diálogo en varios espacios reales de interacción, como los vecinos, los amigos, los grupos a los que pertenezco y la observación dedicada del entorno.
Y si, después de esto, usted está pensando que el artículo se pone aburrido porque pareciera un auto bombo, ególatra y publicitario, le diré que mi intención ha sido expresar algo que tenía entre diente y diente desde hace mucho tiempo, pero que corresponde a una valoración de la experiencia de haber escritos cientos de artículos en diversos medios (blogs, revistas, etc.) y, un día imprevisto, casi de manera sorprendente, encontrarme con alguno de ellos que es replicado viralmente en redes y correos, pero otros que considero más importantes, apenas sean leídos.
Acepto, para recuperar su atención, que me agarró tarde para comprender cómo se mueve esto de escribir para un público amplio mediante blogs y medios digitales. En un conversatorio, hace unos días, auspiciado por el Centro Cultural Español y Casa Batsú, para referirme a este tema, llegué sin prepararme porque, en principio, cuando empecé a idear cómo prepararme se me vino que sobre un tema así debería escribir un libro, pero que al menos un artículo, y apenas tenía 5 minutos para contar mi experiencia. Sin embargo, después del conversatorio me vino con tantas enseñanzas quem, curiosamente, apliqué a un artículo sobre la huelga de educadores. Ese texto fue reproducido masivamente tanto desde mi blog como desde uno de los medios digitales más importantes de este país: Elpais.cr, tanto así que -según cuenta el director del medio- hasta llamadas recibió para censurarlo.
Pero bien, si usted aún sigue conmigo, permítame decirle que usted es de los lectores que yo, o cualquier blogger, desea para sus escritos; así que le agradezco su atención, su seguimiento y no se pierda. Sé que después de leerme usted si podrá contradecirme con razones y no con la obtusa simpleza de atacarme a mí en lo personal, juzgar el texto a partir de su emisor o simplemente opinar a partir del título, subtítulos o primer párrafo. Como usted, necesitamos muchísimos más en este país, entonces tendremos aún más oportunidad de crecer, de manera dialéctica, entre todos, no solamente atacándonos, sino también comprendiéndonos.
Y si usted llegó al final de este texto, solo por curiosidad, por haber sido retado durante él, entonces ya ganamos ambos, porque quizás hoy aprendimos algo para comprendernos mejor.
Imagen: Jardín japonés del Jardín Botánico Lankaster, solo para ilustrar.
Este es el blog de Geovanny Debrús Jiménez, en su quehacer como escritor. Lugar para enfrentar la realidad y el entorno a pura palabra, poetizando, ensayando, narrando o simplemente articulando... Este es el lugar de reflexión donde la transgresión y la irreverencia tendrán su lugar, donde escribir se convierte en un arte personal.
sábado, 31 de mayo de 2014
jueves, 10 de abril de 2014
Cuando los artistas pasan a segundo plano por el interés privado
De manera apresurada y sorpresiva, entró a la corriente legislativa en sesiones extraordinarias, impulsada por el Ministerio de Cultura y Juventud, un proyecto de ley que pretende crear el Centro Nacional de las Artes Escénicas (Cenae). Una ley que no fue consultada, mucho menos consensuada, con el gremo de las escenas costarricenses (teatro y danza, principalmente).
Y uno que puede ser menso, pero no manso, sospecha cuando esas cosas suceden en la acción política. Y ciertamente, el asunto no huele bien, y no lo hace solamente por su carencia de legitimidad artística, sino porque además su contenido es como aquel refrán: "cuando el río suena, piedras trae".
La propuesta surge por razones en principio válidas: hay que evitar que algunos funcionarios de confianza adquieran condición de servicio civil y se vuelvan inamovibles, pero además hay que agilizar los procesos y el funcionamiento del Teatro Popular Melico Salazar y de las entidades que estarían adscritas a esta entidad: las dos compañías y los dos talleres nacionales (de teatro y danza), así como el programa Proartes.
Evidentemente, para crear esta entidad, cuyo personal será alimentado por el actual de esas entidades -lo que requerirá una reorganización administrativa-, debe eliminarse la ley actual del Melico Salazar. Muchas de las funciones de esa ley vieja pasarían a la nueva.
Hasta aquí, pareciera bien, sin embargo...¿adivinen qué? Hay gallo tapado. Me explico: la propuesta del Cenae crea la figura de un "Director Ejecutivo" con gran poder, funcionario de confianza del ministro de turno, que podrá contratar hasta cierto monto concedido por la Junta Directiva, lo que facilitará la dinámica para que las empresas privadas de espectáculos (las productoras) puedan no solo pagar menos de la tarifa actual, sino vender bienes y servicios a la entidad con más facilidad. Eso podría verse bien, pero resulta que en la Junta Directiva, como en la Dirección Ejecutiva, los artistas brillan por su ausencia. Todos los puestos de la Junta serán nombrados por el ministro y serán profesionales principalmente técnicos: un abogado, un economista o administrador y un representante del Ministro (o él mismo), así como "dos representantes del
sector de las artes escénicas nacionales que no tengan vinculación laboral o
contractual al Cenae" (Ley 19045). Es decir, esta Junta Directiva, en conjunto con la Dirección Ejecutiva, podrá decidir y disponer de los recursos que son para los artistas de los programas adscritos (CNT, CND, TNT, TND, Melico Salazar y Proartes), sin que ellos puedan hacerlo. Según entiendo, no serían sus intereses los que ejecute ese director o esa junta, sino otros impoderables.
Es creado, empero, un Consejo Artístico Asesor, que conformaría los directores de los 6 programas adscritos, aunque sus funciones solamente serán la de coordinar los programas con el Director Ejecutivo, los proyectos conjuntos y el desarrollo de nuevos. Pero el tema de la contratación queda en manos exclusivas de la Junta y el Director Ejecutivo, así las cosas si la CND quiere hacer una gira con un productor de calidad, adecuado a la especificidad artísticas y mejor precio, al final tendría que ajustarse al que decida el Director Ejecutivo o, en último caso, la Junta. En otras palabras, los artistas no tendrán poder sobre los recursos que son para ellos.
En el sentido democrático, además, esta ley propicia un desbalance en el principio democrático de los pesos y contrapesos, porque el exceso de poder en unas manos permitirá, tarde o temprano, el amiguismo y el tráfico de influencias, así como el clientelismo, detestable práctica en la dinámica política costarricense.
Pero además, el Cenae pasaría a administrar varios reductos escénicos importantes, como son el Teatro 1887, el de la Danza, el salón Marco
Lemaire, el Teatro La Aduana y la Sala Juan Enrique Acuña del Museo Calderón Guardia, espacios que usualmente están siendo usados por los productores de espectáculos escénicos.
Asimismo, la nueva ley faculta al Cenae para recibir donaciones: "contribuciones, patrocinios y donaciones, de
las instituciones públicas, de las municipalidades, de las empresas privadas,
de las organizaciones civiles y de personas particulares".
Así las cosas, no es extraño que los productores independientes de la escena (los que traen conciertos, los que venden servicios de tarimas, sonido, entre otros), estén muy interesados con que esta Ley sea aprobada lo más rápido posible. Por otra parte, aunque ciertamente se agilizará la dinámica de contrataciones, es relevante que estas contrataciones no corresponderán necesariamente al interés del artista, y esa puerta ya no podría ser reglamentada. Y eso, en principio, no huele bien.
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martes, 11 de marzo de 2014
12 años (o toda una vida) de esclavitud: del pasado, el presente y las formas
Don Rosendo (Pillo, como le dicen) camina por la orilla de un camino empedrado a ratos, en otras con charcos inmensos forjados por grandes camiones de las bananeras que llevan al fruta más allá de donde él alguna vez pueda imaginar. Pero alto. Usted imaginará que este es un relato costumbrista de los tiempos de Mamita yunai de Carlos Luis Fallas o Murámonos Federico de Joaquín Gutiérrez. Pero no lo es.
Lo cierto es que NO lo es. Lo pude ver hace unos meses y lo puedo resumir: don Rosendo ha vivido toda una vida de esclavitud, con la cutacha y el sombrero, quemado por el sol y la vida; deprimido toda esa vida, pero no lo sabe; resignado como un esclavo de las plantaciones de algodón al sur de Estados Unidos hace dos siglos. Su realidad es una: es contratado cada tres meses por grandes empresas de grandes plantaciones -como las del político costarricense Antonio Álvarez Desanti o la Chiquita Brand, entre otras-, luego lo botan y él debe migrar a otras plantación en busca de otro nuevo chance de hacer la plata para el diario de su familia, y el guaro donde ahoga su miseria. No tiene más que un rancho en una propiedad que durante décadas ha ocupadó y que el gobierno no ha terminado de entregarle (un obsequio del IDA y el antiguo Estado Benefactor que desapareció del país), ha votado por el PLN o el PUSC con la ilusión de que le den el bono de vivienda; pero nada hasta ahora. Lo han puesto en listas y él se va contento a celebrar con contrabando hasta que al día siguiente se despierte en cualquier zanja, aún más deprimido por la resaca. Trabaja duro, su dignidad se lo manda, bajo el ardor del sol y la punzada en la espalda (no quiere ir al hospital porque le da miedo que lo maten más bien, eso dice). No tiene tiene tierra propia para cosechar y cuando logra alquilar algún pedazo, la cosecha se pierde porque no debe cuidarla y además trabajar en la piñera que le tocó esta vez. Y si cosecha, los revendedores le pagan una miseria que apenas le da para recuperar lo invertido y darse una buena borrachera. No sabe leer más que los rótulos, no entiende nada de cultura, pero aprendió a tocar un poco de guitarra para tirarse unas rancheras con el guaro de consuelo. Sus hijos ya desertaron de la escuela y ahora trabajan con él, pero apenas tienen 10 y 12 años. "Los maestros aquí no enseñan, vienen a sufrir un rato mientras logran irse para otro lugar", dice. La mayor ya quedó embarazada a los 16 años y ahora vive con un chamaco que, también, trabaja sin garantías sociales como él, en las grandes plantaciones del Caribe costarricense.
Como don Pillo, hay miles. Todos van a un lado del camino, con la cutacha, el sombrero y viejas camisas manchadas de sudor y tallo de banano. El que más tiene, anda en bicicleta. Son los esclavos modernos.
Después de ver la película "12 years a slave", basada en un hecho real, y que fue premiada varias veces en los Óscar recientes, no puedo dejar de pensar y sentir esa realidad de la esclavitud con la realidad de los trabajadores de las grandes plantaciones en la actualidad. Y no exagero, las barracas (casas de los peones) y el entorno húmedo y de sometimiento por la ignorancia (nadie reclama y nadie defiende al que tiene razón y reclama), crean todo un contexto ambiental, social y humano muy parecido. Es todo un modelo construido hace más de dos siglos atrás.
He estado ahí y es lo mismo, incluso dentro de la misma comunidad que se termina resignando, de forma incomprensible para uno, a los designios de lo que les rodea, al poder del dinero para sentirse valer algo, al poder del capataz que es arbitrario, estúpido e inhumano, a los pagos miserables para trabajos muy duros, a la carencia absoluta de apoyo gubernamental (el gobierno se hace el ciego-sordo-mudo) para la educación, la cultura y las soluciones de empleos alternativos, emprendedurismo, entre otras.
Todo una realidad cuya diferencia es una libertad de mentirillas -esa para caminar deprimido por las calles, al lado del camino-, solo posible con dinero, pero nunca se tiene y se ahoga en licor y vicios. ¿Qué tan largo en el tiempo estamos de la esclavitud inventada por los anglosajones para someter pueblos al capitalismo y la ambición de unos pocos? Me temo que la respuesta puede ser desalentadora...
Por todo eso no es sorpresivo que en estos lugares se haya "desencadenado" el crecimiento de la violencia, de la miseria y la pobreza, el desencanto político y todos los índices sociales, sean de pena nacional. Aspiro que este gobierno que ahora ingresa al poder, realmente se ponga las pilas y se concentre en este gran reto.
Lo cierto es que NO lo es. Lo pude ver hace unos meses y lo puedo resumir: don Rosendo ha vivido toda una vida de esclavitud, con la cutacha y el sombrero, quemado por el sol y la vida; deprimido toda esa vida, pero no lo sabe; resignado como un esclavo de las plantaciones de algodón al sur de Estados Unidos hace dos siglos. Su realidad es una: es contratado cada tres meses por grandes empresas de grandes plantaciones -como las del político costarricense Antonio Álvarez Desanti o la Chiquita Brand, entre otras-, luego lo botan y él debe migrar a otras plantación en busca de otro nuevo chance de hacer la plata para el diario de su familia, y el guaro donde ahoga su miseria. No tiene más que un rancho en una propiedad que durante décadas ha ocupadó y que el gobierno no ha terminado de entregarle (un obsequio del IDA y el antiguo Estado Benefactor que desapareció del país), ha votado por el PLN o el PUSC con la ilusión de que le den el bono de vivienda; pero nada hasta ahora. Lo han puesto en listas y él se va contento a celebrar con contrabando hasta que al día siguiente se despierte en cualquier zanja, aún más deprimido por la resaca. Trabaja duro, su dignidad se lo manda, bajo el ardor del sol y la punzada en la espalda (no quiere ir al hospital porque le da miedo que lo maten más bien, eso dice). No tiene tiene tierra propia para cosechar y cuando logra alquilar algún pedazo, la cosecha se pierde porque no debe cuidarla y además trabajar en la piñera que le tocó esta vez. Y si cosecha, los revendedores le pagan una miseria que apenas le da para recuperar lo invertido y darse una buena borrachera. No sabe leer más que los rótulos, no entiende nada de cultura, pero aprendió a tocar un poco de guitarra para tirarse unas rancheras con el guaro de consuelo. Sus hijos ya desertaron de la escuela y ahora trabajan con él, pero apenas tienen 10 y 12 años. "Los maestros aquí no enseñan, vienen a sufrir un rato mientras logran irse para otro lugar", dice. La mayor ya quedó embarazada a los 16 años y ahora vive con un chamaco que, también, trabaja sin garantías sociales como él, en las grandes plantaciones del Caribe costarricense.
Como don Pillo, hay miles. Todos van a un lado del camino, con la cutacha, el sombrero y viejas camisas manchadas de sudor y tallo de banano. El que más tiene, anda en bicicleta. Son los esclavos modernos.
Después de ver la película "12 years a slave", basada en un hecho real, y que fue premiada varias veces en los Óscar recientes, no puedo dejar de pensar y sentir esa realidad de la esclavitud con la realidad de los trabajadores de las grandes plantaciones en la actualidad. Y no exagero, las barracas (casas de los peones) y el entorno húmedo y de sometimiento por la ignorancia (nadie reclama y nadie defiende al que tiene razón y reclama), crean todo un contexto ambiental, social y humano muy parecido. Es todo un modelo construido hace más de dos siglos atrás.
He estado ahí y es lo mismo, incluso dentro de la misma comunidad que se termina resignando, de forma incomprensible para uno, a los designios de lo que les rodea, al poder del dinero para sentirse valer algo, al poder del capataz que es arbitrario, estúpido e inhumano, a los pagos miserables para trabajos muy duros, a la carencia absoluta de apoyo gubernamental (el gobierno se hace el ciego-sordo-mudo) para la educación, la cultura y las soluciones de empleos alternativos, emprendedurismo, entre otras.
Todo una realidad cuya diferencia es una libertad de mentirillas -esa para caminar deprimido por las calles, al lado del camino-, solo posible con dinero, pero nunca se tiene y se ahoga en licor y vicios. ¿Qué tan largo en el tiempo estamos de la esclavitud inventada por los anglosajones para someter pueblos al capitalismo y la ambición de unos pocos? Me temo que la respuesta puede ser desalentadora...
Por todo eso no es sorpresivo que en estos lugares se haya "desencadenado" el crecimiento de la violencia, de la miseria y la pobreza, el desencanto político y todos los índices sociales, sean de pena nacional. Aspiro que este gobierno que ahora ingresa al poder, realmente se ponga las pilas y se concentre en este gran reto.
viernes, 7 de marzo de 2014
Garabeet o la necesidad (prólogo de novela Cuando la muerte no alcanza)
A propósito de la mención de Óscar Arias Sánchez sobre Juan de Cavallón y la dinastía de conquistadores en adelante, me permito recordarles mi primera novela "Cuando la muerte no alcanza", que se encuentra en librerías Lehmann, Internacional y Universitaria. También la puede adquirir por Internet.
Tatiana Lobo Wiehoff
Cuando la muerte no alcanza, novela de Geovanny Debrús Jiménez, me recordó esos viejos romances medievales -como los temas artúricos del Grial- que desdeñaban el documento para privilegiar los elementos fantásticos.. Debrús Jiménez supedita los hechos históricos y el dato entnográfico a su propio deseo literario, pero lo hace respetando la concretidad de la Conquista al describir el violento encuentro entre los huetares y el invasor europeo.
El autor traza la figura del cacique Garabeet (Garabito) sobre el perfil del héroe arquetípico de todos los tiempos y todas las culturas. Cómo era realmente este guerrero americano que por un tiempo logró detener el avance de las tropas españolas hacia el valle central de Costa Rica es muy difícil de concebir, cuando no imposible, para la mentalidad contemporánea. Garabeet es emblemático, condensa a todos los guerreros de la resistencia indígena silenciados en los textos oficiales. Es un símbolo de la lucha armada contra el conquistador. Son estos valores constitutivos de la identidad costarricense los que justifican la re-creación de la historia con la mirada de un testigo contemporáneo que no se enmascara ni pretende camuflarse como cronista del pasado.
Sí, así es. La novela de Debrús Jiménez fabula el pasado con el imaginario del presente. Epopeya cuyo lirismo le permite saltar en el tiempo con la sola gracia de su admiración por la figura del héroe nativo; y con nostalgia por un mundo armónico que la codicia virulenta del conquistador destruyó, desarticulando la posibilidad de su renacimiento. . .
Nostalgia del pasado precolombino, un sentimiento ajeno a la geografía emocional de las y los costarricenses contemporáneos, para quienes el pasado ancestral es una tinaja de museo antes que la presencia activa de hombres y mujeres que alcanzaron una equilibrada convivencia entre individuo, sociedad y medio ambiente, estilo de vida que no logró sobrevivir a la espada, la cruz y el arcabuz. Después, con el advenimiento de la república, la historia oficial borró la resistencia indígena de los textos escolares creando así la ilusión de un país que nació sin contradicciones, al punto que un cierto ex-presidente negó, ante el actual rey de España, la existencia de población amerindia en Costa Rica.
Triste es decirlo pero las culturas autóctonas siguen siendo brutalmente avasalladas por la ansiedad eurocéntrica y los prejuicios que lo sostienen. Se oculta la realidad actual del indígena como se oculta sistemáticamente su pasado. En el imaginario colectivo costarricense “el indio” es un excéntrico, un extranjero. Aquí es donde surge la necesidad de voces literarias que, como la voz poética de Geovanny Debrús Jiménez, rompan el silencio, llenen el vacío y contribuyan a desinvisibilizar las etnias excluidas y a integrar, en la consciencia y los sentimientos, el origen violento de nuestro mestizaje y las luchas libertarias que nos significan hasta el presente.
*Prólogo de la novela "Cuando la muerte no alcanza".
*Prólogo de la novela "Cuando la muerte no alcanza".
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prólogo
sábado, 8 de febrero de 2014
En la memoria del vencido (cuento)
En la memoria del vencido
Mientras
Jaime le agarraba las manos, Hugo le arrebató de un solo tirón la blusa, con el
sostén incluido en el paquete. Ella se impresionó, pero no reaccionó a
cubrirse; no sabía en realidad cuál era su prioridad en ese instante.
En
qué momento pensaron las mujeres que esconder el teléfono celular entre sus tetas
lo protegía, pensó Hugo mientras juntaba el aparato que había rebotado y caído
al suelo.
Hugo miró de nuevo a la joven
aterrada, con aquellos ojos quebrados en millones de piezas que le
transmitieron una lástima indecible; como la que no sentía a menudo en esos
atracos. Luego hurgó con la mirada en sus senos indefensos y posicionó en su
memoria la forma precisa de sus pezones erguidos, en el centro de su aureola
encogida, casi inexistente, víctima del frío de la noche veraniega.
Seguidamente la miró de nuevo a los
ojos, esta vez fijamente, para encontrar en ellos la dulzura de quien pudo habérsele
brindado con cariño y pasión de haberlo conocido en otra circunstancia.
-
Apurate güevón, que nos ven,
¡corre ya güevón!
Hugo
sabía que mirarla de nuevo, un segundo más, atrapar la imagen precisa, tendría
mucho valor después, cuando le hiciera el amor a su esposa, allá en los
tugurios del bajo…
Este cuento pertenece a mi más reciente libro "Eroscopio". Si desea leer el libro completo puede adquirirlo en:
1. Librería Universitaria, San Pedro de Montes de Oca.
2. Librería Duluoz, Barrio Amón, San José, contiguo a Bar La Marinita.
3. Envío por correo electrónico, previo depósito: ventas@culturacr.net.
4. Comprar libro en versión electrónica en Amazon: http://www.amazon.com/dp/B00GIAVSGG
® 2013. Derechos reservados. Geovanny Jiménez Salas, cc Geovanny Debrús Jiménez.
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martes, 4 de febrero de 2014
Inversión de la historia (cuento)
Inversión
de la historia
Para
Sila Chanto, por el concepto y su bella exhibición de arte Inversión histórica,
orgullo costarricense en la Bienal de Venecia.
Los
estudiantes se miraron pudorosos, bajaron el rostro y después estallaron en
carcajadas al unísono, sentados al desayunador de la casa.
-
¿Habrás semejante
malacrianza… pretender que la historia ha sido manipulada… por conveniencia de
mantener el poder de las clases? –dijo a medias mirando de soslayo a su madre,
intentándolo, en medio de las carcajadas morbosas.
-
¡Qué vergüenza la de estos
progres, que hablar de historia debería ser algo normal, parte del vocabulario
de cada día! –complementó Alexánder.
Raimundo,
comedido como le era usual, había dicho más bien mucho. Alexánder, en cambio,
estaba chispeante y sus ojos maliciosos indicaban que seguiría con su burla:
-
Todos quisieran tener su
propio video exhibiendo la historia de su pueblo, sin pena, haciendo el
ridículo, como si la historia fuera de dominio público…
En
esos días, un video de la historia de Puritania había provocado un gran
escándalo en redes sociales y medios de comunicación. La gente se alarmó de que
se exhibieran las intimidades de las familias de esa comunidad, su genealogía,
quiénes habían dominado la economía y política del pueblo a través de las
generaciones, de mayor impacto fue aún que hasta se conociera de un héroe que
tuvo una vez la comunidad; quien había salvado a todo el valle cuando pudo
desviar una gran cabeza de agua. Todo aquello generó vergüenza en el pueblo,
cómo era posible que se diera a conocer públicamente mediante un video.
-
Y esa tontería que se les
ocurrió ahora, de que se enseñe historia en los colegios, eso sí está fatal,
indecentes que son –dijo la madre de Raimundo, quien se acercó a escuchar las
noticias con los muchachos.
-
“Guías de historia”, les
llaman, los profes dicen que eso es terrible, porque ellos no están preparados
para enseñar sobre eso –agregó Alexánder, con su tono cargado de morbo.
-
Escuché que uno dijo que le
daba mucha vergüenza, que él no sabía ni la historia de su propio pueblo, mucho
menos enseñar la de otros –se dejó decir, con la cabeza baja, Raimundo, casi
temiendo la reacción de su madre, que era tanto inevitable como inminente:
-
Es una gran barbaridad,
profesores estúpidos y el gobierno sin cerebro, no hay donde caer muertos hoy
en día… y le digo Raimundo, usted no va a recibir ese vergonzoso curso de
Historia, vergüenza les debería dar.
En
las noticias, después del reportaje, vino una discusión sobre el tema, entre un
defensor de la iniciativa y un contrario. La señora apagó, sin espera alguna,
el televisor y siguió con sus oficios domésticos. Agarró un libro del curso de
sexualidad humana, lo abrió en una página central, donde un cuerpo desnudo de
mujer se mostraba por completo, y les ordenó:
-
Mejor pónganse a estudiar
algo que valga la pena, ¡lean sobre sexualidad!
-
Pero es que es muy aburrido
mamá, estar viendo mujeres chingas, es solamente un cuerpo humano, el mismo de
siempre…
Este cuento pertenece al libro Eroscopio, se los comparto. Recuerden que el libro se puede conseguir en la Libreria UCR en San Pedro y en Libros Duluoz en Barrio Amón, contiguo al Bar La Marinita, por la parada de buses a Heredia. También lo pueden pedir a ventas@culturacr.net con envío por correo postal. Gracias a todos por su apoyo.
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domingo, 12 de enero de 2014
El estruendo entre las distancias (cuento)
Uno resume una noche así como la
arrogancia del sudor. Se suda tanto y por tantas causas que sin darte cuenta ya
estás seco, jadeante, tan áspero que debes acudir a las reservas de agua del
cuerpo…y del bar. Estás perplejo, deliciosamente embobado, permitiendo la falta
de armonía y la reiterada cadencia torpe de su cuerpo contra el tuyo. Refriega
de hedores a cerveza que no se huelen, tímpanos que ya no perciben. Todo lo
sinuoso es permitido, incluso besos jadeantes que no se tocan.
Estaba por irme ese día, de hecho ya
iba caminando hacia la puerta. Sentí una mano enrollada sobre mi brazo, la otra
en mi cintura. “Me están asaltando”, pensé, “y en pleno gentío, en pleno baile
extasiado”. Me volvió de un tirón cuando ya presentía que se trataba de algo
más que un burdo asalto. Cobarde me sentí al verla desplegar sus movimientos
pretendidamente sensuales sobre mi vientre. Le seguí el juego y bailé a su
ritmo, seguí mi camino, pero no me lo permitió.
Esa noche entendí que rara vez notas
cuando una mujer te admira, es más, no te das cuenta ni siquiera cuando te ve.
Tenía media hora de recibir desprecios y pedanterías de las “muy lindas” que
frecuentan esos antros. Solo observaba, como todos los maes, el ir y venir de
las nenas y, claro, medir cuan ebrias estaban para convertirse en presas.
Al enterarme de eso decidí partir,
“a veces es mejor compañía una cerveza en algún bar silencioso y tranquilo, que
una mujer en un escándalo”, pensé antes de darme a la tarea de la retirada.
Luego no pude evitar preguntarme, más como una afirmación, si en realidad el
ruido les permitía a esas mujeres callar para no tener que entregarse en su
ignorancia y superficialidad. También luego supe que para mí aquel estruendo
“reggaetonero” me permitiría también callar sobre mi vacío de palabras y mi
escaso ánimo para complicarme con diálogos cansinos. La diferencia era que
ellas no las necesitaba para expresarse, en cambio yo estaba harto, con todo el
tedio de la desilusión, de usarlas, a las insulsas palabras. Era un buen
momento para el silencio en medio del bon bon embrutecedor. Un agotamiento compartido.
Desplegaba casi con arte sus manos
sobre mis relieves y, aunque suene cursi, a veces ni me tocaba. Trazó una ruta
de efervescencia con cada movimiento, se volvía hacia atrás proponiendo sus
glúteos como una ofrenda al dios del
relajo. Regresa al frente, me tomaba las manos, las dejaba caer sobre
sus pechos, pero cuando yo reaccionaba, sobrevenía inevitable la huida, en el
mismo zigzageo de su baile. No se dejaba tocar, pero me tocaba a su
antojo. El dominio tenía dueña. Su
nombre ya no importaba.
-¿De dónde sos? –le insinué como a
la media hora.
Su mirada cómplice, risueña, pícara,
me dejó en silencio de nuevo. Definitivamente mejor callar para que la noche
nos llevara sin hallarle significados.
Ella vivía su ebriedad, estaba en su
mundo. Solo dijo “chao” y desapareció entre el gentío, después de dos horas de
sudor silencioso.
Pudo ser tu hermana, quizás tu
novia, o una amiga con derecho, solo pude ver que la saludaste un día de estos
y te brillaban los ojos.
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