sábado, 11 de junio de 2011

El deporte de la marginalidad urbana en literatura

En algunos tiempos más, ahora quizás ha disminuido, pero permanece, la moda imperante en la literatura era escribir sobre perspectiva de género; del cómo los malditos hombres machistas y patriarcales abusábamos de nuestro poder para discriminar y usar a nuestro antojo a las mujeres. El tema ganaba concursos y, aún en teatro y ensayo, por ejemplo, obtiene fondos frescos para financiarse.

En narrativa y poesía, la tendencia de los últimos años es el juego de la morbidez, el fútbol de describir la muerte, la tragedia humana y social en sus recovecos más elaborados: la muerte como arte, la muerte como jugada de taquito de lujo que burlar al contrario, la muerte como un gol que metemos o nos meten, la muerte como una metáfora de una máquina tragamonedas, qué sé yo.

El viernes pasado, un jurado formado por un poeta del trascendentalismo (de la sugerencia, de la estética que trasciende la palabra y el amor), Carlos Francisco Monge, la narradora variopinta e ingeniosa Linda Berrón (que aprecia la literatura en variedad de temas y perspectivas), a la par de otro académico que desconozco de apellido Zamora, decidieron darle el máximo premio de la Editorial Costa Rica al libro "Los herederos", del buen escritor Sergio Muñoz, quien reitera la fórmula de la marginalidad urbana, ya usada en su otro libro de cuentos titulado "Urbanos", y que ganara el mismo premio en años anteriores. También en su libro "Los dorados", Muñoz aplica la temática.

El jurado reconoce, en su fallo, “un lenguaje sobrio y directo, decididamente “vernáculo” como voluntad y tareas literarias. Este recurso guarda coherencia con los temas predominantes de todo el libro; a saber: el mundo de la marginalidad urbana”. Tiene que ser muy bueno, en técnica y manejo literario, en calidad de formas y contenidos, este libro de cuentos, para que ese jurado tan disímil se haya inclinado por él.

No quiero que se me entienda mal, no se trata de decir que la obra de Muñoz es mala o deficiente (porque no he leído, obviamente, el libro), sino de que el tema está en boga, se reitera en lo que están publicando las editoriales y lo que están premiando en los concursos del país.

Ahora bien, escribir sobre lo negativo, sobre lo sórdido, el lumpen y sus mórbidas alcantarillas es en realidad muy fácil: hablar de lo malo siempre es más fácil. El hacerlo con destreza, con calidad y buen manejo de técnicas narrativas o poéticas, es otra historia.

No me molesta leer este tipo de obras, hurgar en el lumpen e incluso a veces reconocerme un poco en él, pero no al grado de empacho que es lo que tengo actualmente. Obra de literatura costarricense que abro, obra que me lleva por esos trillos. Por supuesto, también hay alguna excepciones.

La literatura es un acto de subjetividad mayor, pretender que se tiene la razón con ella o a partir de ella es iluso y hasta soberbio. Mirar al lumpen desde una perspectiva de totalidad social no es justo para toda la sociedad, ni correcto, ni preciso. Mirar a la marginalidad como proyecto literario de vida no me puede parecer una opción, a mí, muy adecuada o certera que digamos.

Nunca he sido jurado, por eso no sé cómo se mueve eso a lo interno, pero ojalá los jurados empiecen a considerar que las obras literarias no solamente se miden por la moda, o por la unidad temática, sino también por consideraciones de variedad, de diversidad de expresiones y temas, de calidad literaria; claro, pero que la calidad no sea ese concepto que asociamos a la sordidez: "entre más sórdido más bueno es".

Entiendo que en la urbe se encierran monstruos, que las injusticias son el pan de cada día; las veo por doquier, es decir, entiendo que el tema es sumamente válido, entiendo que se debe decir, lo que me preocupa es leerlo en la mayoría de los libros, sentirlo desgastándose y quedarse en la denuncia de los intelectuales para los intelectuales.

No reniego del libro de Muñoz, no reniego del tema de la marginalidad urbana, reniego del empacho y la falta de literatura que me hable también de otra cosa que no sea solamente el deporte trillado y lugar común de matar los personajes siempre, o dejarlos en un patético estado.

16 comentarios:

Germán Hernández dijo...

Al contrario de ti, pienso que el tema de la marginalidad social está más bien ausente. Al menos de la manera en que Sergio Muñoz lo aborda, específicamente en el caso de Los Dorados, novela que considero estupenda.

Pero si no es a Muñoz y a su obra, ¿entonces a que autores y obras te refieres?

Creo que nos quedaste debiendo la lista.

Geovanny Debrús Jiménez dijo...

Me encuentro con muchas obras con temas así, que te presentan un mundo soez que, aunque entiendo que existe y es nuestra sociedad, al rato es cansino leerlo, incluso depresivo. Hay muchas obras con el tema: Metales pesados de Barquero, el libro de los aviones de Murillo, la mayoría de lo que publica Hernández en Germinal, entre otras. Igual, al final de cuentas es solamente una cosa de gusto personal, y aunque escribo también cosas sórdidas, de marginalidad urbana, no todo lo que escribo es de ese tipo; me gusta la diversidad, explorar tendencias y posibilidades: escribir cosas pícaras, drama humano que no tenga que oler a muerte siempre, comicidad, relaciones sociales y políticas, propuestas en varias direccciones.

Geovanny Debrús Jiménez dijo...

Como se hace costumbre, el debate se armó en Facebook, ya la gente no comenta en los blogs, con algunas excepciones de blogueros connotados. Mi Facebook es http://www.facebook.com/debrusjimenez

Traeré algunos comentarios interesantes.

Benedicto Víquez Guzmán dijo...

No sé Geovanny pienso que para la literatura no existen temas mejores o peores, de gusto o de moda u olvidados. Lo que sí existe es una realidad social vigente y Muñoz que también es sociólogo penetra en esa realidad y da a través de múltiples voces, ese caleidoscopio de voces desgarradas y que lamentablente están ahí. Su obra viola la censura oficial y ofrece ese mundo degradado donde la miseria humana y la insensibilidad hacen acopio de la indiferencia. Cerrar los ojos a ello es hacer lo del avestruz y desgraciadamente quien busca valores en una sociedad degradada, termina también degradado. No he leído los cuentos galardonados pero sí sus otras obras y en un comentario sobre la novela Los Dorados dije lo sigueinte, que posiblemente pueda reafirmar esa visión de mundo:
La obra explicita la degradación de la familia en los grupos marginales. Es la mujer la que mantiene, con grandes esfuerzos, el precario ligamen familiar entre ella y sus hijos. Los hombres son violentos, drogadictos, chulos, sin oficio y con trabajos ocasionales. Algunos, los más viejos, han perdido el respeto de sus hijos y sus castigos físicos, violentos, desmedidos, los inducen a irse de la casa o cueva en que viven, y dedicarse, desde niños, al deambular por las calles josefinas. Ahí se inician en el vicio, las drogas, la delincuencia. Muchos de esos viejos han abandonado el campo por ser improductivo y llevados por las necesidades y con la esperanza de una mejor vida, inmigran a la ciudad, después de vender sus pequeñas propiedades y se dedican al comercio. Ahí sucumben ante los delincuentes que roban sus enseres, sus dineros e inician, desde la escuela y luego el colegio, a sus hijos, en la delincuencia.
Y agrego: Es una novela de espacio social crítica. La ciudad capital de la noche, de las sombras, que es ocupada en las mañanas por los burócratas pero que mientras unos trabajan, en los centros comerciales, los edificios burocráticos, los entes privados, otros, los niños de la calle, los borrachitos, los indigentes, los cadeneros, los chapulines, desde temprano también realizan su cotidiano y degradante oficio. Ya, antes de llegar la noche, apenas se oculta el sol, es poseída por el hampa y los comerciantes del cuerpo, los centros nocturnos que divierten a los trasnochadores, ocultan los amores pagados y se alían con los delincuentes. Mientras unos duermen en las ciudades contiguas, otros ocupan la ciudad y la regresan por la mañana. En el día se realizan los negocios "permitidos" y en la noche los "prohibidos". Es una muestra de la misma moneda con sus dos caras bien delineadas: La ciudad de los pobres y la ciudad de los ricos, los niños de la calle y los niños de la casa y esta novela refleja una de esas aristas. Ya se ha escrito gran cantidad de literatura infantil que resalta la cara oficial y se sigue escribiendo y enseñando en las escuelas y colegios si no lo creen, lean a Lara Ríos, Rubio, Cavallini, o Luis E. Arce.
Y termino diciendo: En esta novela los niños no tienen derecho a soñar con hadas o príncipes, ni mundos esperados Sus viajes los realizan con los puros, las piedras, el crack, la coca y si no hay plata con cemento. Y este sistema degradante de nuestra sociedad se hereda. Los padres inician a sus hijos en el arte de las drogas, del buscar el dinero sin importar los medios. Son pocos los que logran salir de las garras del cáncer social y muchos los reincidentes. Es un mundo de cárcel, de venganzas, de intrigas, de fracasos, de supervivencia, de muerte, de violaciones, de pobreza, circular, sin salida y lo peor, de completa indiferencia. Solo prestan atención cuando sucede un crimen o los periodistas no tienen otras noticias que resaltar. Es la sociedad de doble moral, de sepulcros blanqueados que cierra los ojos, se tapa la nariz y da una moneda que lava su conciencia.

Geovanny Debrús Jiménez dijo...

Es que, Banedicto, no me leíste, porque yo no dije nada de la novela de Muñoz, ni de la necesidad de una literatura orientada en esa dirección, hablé del empacho, de que por más malo que se quiera ver el mundo, tiene cosas buenas, entonces aduje que en la diversidad está el gusto.

Benedicto Víquez Guzmán dijo...

Entonces cada escritor escribirá de acuerdo a su gusto. Lo importante es que lo sepa hacer y la calidad literaria. Yo comenté parte de la novela porque es la misma temática de los cuentos, según el jurado y hoy como antes una polémica sobre si se escribe sobre esto o aquello, lo positivo o lo negativo, lo oficial o lo oculto es intrascendete como lo fue la famosa polémica sobre el nacionalismo. Lo que empacha, cansa es que escriban de realismos trasnochados y tras de feria lo hagan mál.

Geovanny Debrús Jiménez dijo...

No don Benedicto Víquez Guzmán, sí es trascendente discutir sobre ello, por aunque a usted no, a mí sí me empacha, e incluso encuentro muchas obras malas, deficientes literaria y filológicamente que tratan esos temas. Le guste a usted o no, me guste a mí o no, es un estira y encoge, una pujanza entre unos y otros. Yo, en particular, no quiero leer más del tema, al menos por un buen tiempo. El punto es que cuando una tendencia se da empiezan a abusarse, a ganar concursos y salir publicados solamente libros de esos, entonces el público lector vuelve los ojos hacia otros lados. Si eso quiere usted, pues bien, pero no cuenten conmigo.

Soren Vargas dijo...

No he leído la obra, ya que el tema del cigarro, las alcantarillas, la muerte, las calles, los bares, me tiene saturado. Ojo, que no lo subvaloro, pero personalmente ya me obstina. Creo que lo urbano es algo más que decadencia, y Liberia también es urbana. Y Ciudad Quesada, y Santa María.

Benedicto Víquez Guzmán dijo...

Sí Soren, a todos nos importa la calidad de la obra. Si es premiada o no, eso al menos para mí es muy relativo e intrascendente de no ser un premio muy calificado y reconocido universalmente.

Soren Vargas dijo...

Si la calidad es buena, se premia, claro, pero creo que en Costa Rica ese tipo de literatura es de club.

Soren Vargas dijo...

Creo que la poesía urbana actual costarricense, no se como estará la situación con la novela, es el peor de los trascendentalismos: hacen de prender un cigarro un tema trascendental. Pucha, ya basta.

Benedicto Víquez Guzmán dijo...

No todo lo que yo diga y escribo es poesía o literatura. En todos los tiempos se ha dicho lo mismo y siempre se olvidará lo superfuo, lo intrascendente, las poses, las modas y por suerte solo queda lo bueno, lo que tiene calidad literaria aunque muchos también, a veces lo ignoran, lo ocultan y lo desprecian.

Alexánder Obando dijo...

‎1. Creo en el sacrosanto derecho de que cada une escriba lo que le dé la gana.

2. Creo que la literatura social es buena cuando va amparada a una buena escritura.

3. Creo que la literatura social es mala simplemente cuando está mal escrita.

4. Las modas literarias son tan nefastas y obnubilantes como cualquier otra moda de mercado.

5. La sociedad necesita de literatura social (buena) pero no tode escritore puede dar dicha literatura sin caer en el cliché: Si no se puede, mejor evitarlo.

6. Cuando los jurados y las editoriales se enamoran de "temas de moda", como sucede ahora en CR, no le están haciendo ningún servicio a la literatura; solo a sí mismes y a le autore de turno.

7. Personalmente, abomino la literatura social realista, a no ser que esté notablemente bien escrita.

Germán Hernández dijo...

Pienso que tu último post en el blog merece más elaboración, fíjate que de alguna manera revolviste marginalidad y exclusión social, por ejemplo, el tratamiento de la obra en Muñoz me parece que se refiere a la "Exclusión Social", en el caso de Guillermo Barquero, siento que se trata más bien de un "Sujeto Marginal" de tonalidad más bien existencialista, no puedo encontrar ninguna asociación entre sus obras que caminan paralelas... merece elaborar y describir más detalladamente esos conceptos creo yo.

Geovanny Debrús Jiménez dijo...

Sí, tenés razón Germán, quizás hablo más de temas negativos o del pesimismo, como la exclusión social, la marginalidad urbana, el sujeto excluido, lo sórdido, el lumpen, entre otras que podríamos intentar encuadrar como temas de los grotesco, de lo negativo.

Sentenciero dijo...

Voy a resumir los temas de los cuentos de Metales pesados, porque es mejor dar una pequeña idea de qué representa cada relato, que escribir una apreciación general que apela a una ingenua simpleza: lo eterno de la amistad y la fuga ante las enfermedades terminales; las relaciones de pareja; el viejo oeste y la ironía; la suplantación; los emigrantes y sus pequeñas vicisitudes; la vida de nuestros pequeños poetas; la literatura como sustituta de la realidad; el poder del silencio.
Leamos con cuidado las obras que comentamos.