jueves, 10 de abril de 2014

Cuando los artistas pasan a segundo plano por el interés privado

De manera apresurada y sorpresiva, entró a la corriente legislativa en sesiones extraordinarias, impulsada por el Ministerio de Cultura y Juventud, un proyecto de ley que pretende crear el Centro Nacional de las Artes Escénicas (Cenae). Una ley que no fue consultada, mucho menos consensuada, con el gremo de las escenas costarricenses (teatro y danza, principalmente).

Y uno que puede ser menso, pero no manso, sospecha cuando esas cosas suceden en la acción política. Y ciertamente, el asunto no huele bien, y no lo hace solamente por su carencia de legitimidad artística, sino porque además su contenido es como aquel refrán: "cuando el río suena, piedras trae". 

La propuesta surge por razones en principio válidas: hay que evitar que algunos funcionarios de confianza adquieran condición de servicio civil y se vuelvan inamovibles, pero además hay que agilizar los procesos y el funcionamiento del Teatro Popular Melico Salazar y de las entidades que estarían adscritas a esta entidad: las dos compañías y los dos talleres nacionales (de teatro y danza), así como el programa Proartes.

Evidentemente, para crear esta entidad, cuyo personal será alimentado por el actual de esas entidades -lo que requerirá una reorganización administrativa-, debe eliminarse la ley actual del Melico Salazar. Muchas de las funciones de esa ley vieja pasarían a la nueva. 

Hasta aquí, pareciera bien, sin embargo...¿adivinen qué? Hay gallo tapado. Me explico: la propuesta del Cenae crea la figura de un "Director Ejecutivo" con gran poder, funcionario de confianza del ministro de turno, que podrá contratar hasta cierto monto concedido por la Junta Directiva, lo que facilitará la dinámica para que las empresas privadas de espectáculos (las productoras) puedan no solo pagar menos de la tarifa actual, sino vender bienes y servicios a la entidad con más facilidad. Eso podría verse bien, pero resulta que en la Junta Directiva, como en la Dirección Ejecutiva, los artistas brillan por su ausencia. Todos los puestos de la Junta serán nombrados por el ministro y serán profesionales principalmente técnicos: un abogado, un economista o administrador y un representante del Ministro (o él mismo), así como "dos representantes del sector de las artes escénicas nacionales que no tengan vinculación laboral o contractual al Cenae" (Ley 19045). Es decir, esta Junta Directiva, en conjunto con la Dirección Ejecutiva, podrá decidir y disponer de los recursos que son para los artistas de los programas adscritos (CNT, CND, TNT, TND, Melico Salazar y Proartes), sin que ellos puedan hacerlo. Según entiendo, no serían sus intereses los que ejecute ese director o esa junta, sino otros impoderables.

Es creado, empero, un Consejo Artístico Asesor, que conformaría los directores de los 6 programas adscritos, aunque sus funciones solamente serán la de coordinar los programas con el Director Ejecutivo, los proyectos conjuntos y el desarrollo de nuevos. Pero el tema de la contratación queda en manos exclusivas de la Junta y el Director Ejecutivo, así las cosas si la CND quiere hacer una gira con un productor de calidad, adecuado a la especificidad artísticas y mejor precio, al final tendría que ajustarse al que decida el Director Ejecutivo o, en último caso, la Junta. En otras palabras, los artistas no tendrán poder sobre los recursos que son para ellos.

En el sentido democrático, además, esta ley propicia un desbalance en el principio democrático de los pesos y contrapesos, porque el exceso de poder en unas manos permitirá, tarde o temprano, el amiguismo y el tráfico de influencias, así como el clientelismo, detestable práctica en la dinámica política costarricense.

Pero además, el Cenae pasaría a administrar varios reductos escénicos importantes, como son el Teatro 1887, el de la Danza, el salón Marco Lemaire, el Teatro La Aduana y la Sala Juan Enrique Acuña del Museo Calderón Guardia, espacios que usualmente están siendo usados por los productores de espectáculos escénicos.

Asimismo, la nueva ley faculta al Cenae para recibir donaciones: "contribuciones, patrocinios y donaciones, de las instituciones públicas, de las municipalidades, de las empresas privadas, de las organizaciones civiles y de personas particulares". 

Así las cosas, no es extraño que los productores independientes de la escena (los que traen conciertos, los que venden servicios de tarimas, sonido, entre otros), estén muy interesados con que esta Ley sea aprobada lo más rápido posible. Por otra parte, aunque ciertamente se agilizará la dinámica de contrataciones, es relevante que estas contrataciones no corresponderán necesariamente al interés del artista, y esa puerta ya no podría ser reglamentada. Y eso, en principio, no huele bien.

martes, 11 de marzo de 2014

12 años (o toda una vida) de esclavitud: del pasado, el presente y las formas

Don Rosendo (Pillo, como le dicen) camina por la orilla de un camino empedrado a ratos, en otras con charcos inmensos forjados por grandes camiones de las bananeras que llevan al fruta más allá de donde él alguna vez pueda imaginar. Pero alto. Usted imaginará que este es un relato costumbrista de los tiempos de Mamita yunai de Carlos Luis Fallas o Murámonos Federico de Joaquín Gutiérrez. Pero no lo es.

Lo cierto es que NO lo es. Lo pude ver hace unos meses y lo puedo resumir: don Rosendo ha vivido toda una vida de esclavitud, con la cutacha y el sombrero, quemado por el sol y la vida; deprimido toda esa vida, pero no lo sabe; resignado como un esclavo de las plantaciones de algodón al sur de Estados Unidos hace dos siglos. Su realidad es una: es contratado cada tres meses por grandes empresas de grandes plantaciones -como las del político costarricense Antonio Álvarez Desanti o la Chiquita Brand, entre otras-, luego lo botan y él debe migrar a otras plantación en busca de otro nuevo chance de hacer la plata para el diario de su familia, y el guaro donde ahoga su miseria. No tiene más que un rancho en una propiedad que durante décadas ha ocupadó y que el gobierno no ha terminado de entregarle (un obsequio del IDA y el antiguo Estado Benefactor que desapareció del país), ha votado por el PLN o el PUSC con la ilusión de que le den el bono de vivienda; pero nada hasta ahora. Lo han puesto en listas y él se va contento a celebrar con contrabando hasta que al día siguiente se despierte en cualquier zanja, aún más deprimido por la resaca. Trabaja duro, su dignidad se lo manda, bajo el ardor del sol y la punzada en la espalda (no quiere ir al hospital porque le da miedo que lo maten más bien, eso dice). No tiene tiene tierra propia para cosechar y cuando logra alquilar algún pedazo, la cosecha se pierde porque no debe cuidarla y además trabajar en la piñera que le tocó esta vez. Y si cosecha, los revendedores le pagan una miseria que apenas le da para recuperar lo invertido y darse una buena borrachera. No sabe leer más que los rótulos, no entiende nada de cultura, pero aprendió a tocar un poco de guitarra para tirarse unas rancheras con el guaro de consuelo. Sus hijos ya desertaron de la escuela y ahora trabajan con él, pero apenas tienen 10 y 12 años. "Los maestros aquí no enseñan, vienen a sufrir un rato mientras logran irse para otro lugar", dice. La mayor ya quedó embarazada a los 16 años y ahora vive con un chamaco que, también, trabaja sin garantías sociales como él, en las grandes plantaciones del Caribe costarricense.


Como don Pillo, hay miles. Todos van a un lado del camino, con la cutacha, el sombrero y viejas camisas manchadas de sudor y tallo de banano. El que más tiene, anda en bicicleta. Son los esclavos modernos.


Después de ver la película "12 years a slave", basada en un hecho real, y que fue premiada varias veces en los Óscar recientes, no puedo dejar de pensar y sentir esa realidad de la esclavitud con la realidad de los trabajadores de las grandes plantaciones en la actualidad. Y no exagero, las barracas (casas de los peones) y el entorno húmedo y de sometimiento por la ignorancia (nadie reclama y nadie defiende al que tiene razón y reclama), crean todo un contexto ambiental, social y humano muy parecido. Es todo un modelo construido hace más de dos siglos atrás. 


He estado ahí y es lo mismo, incluso dentro de la misma comunidad que se termina resignando, de forma incomprensible para uno, a los designios de lo que les rodea, al poder del dinero para sentirse valer algo, al poder del capataz que es arbitrario, estúpido e inhumano, a los pagos miserables para trabajos muy duros, a la carencia absoluta de apoyo gubernamental (el gobierno se hace el ciego-sordo-mudo) para la educación, la cultura y las soluciones de empleos alternativos, emprendedurismo, entre otras. 


Todo una realidad cuya diferencia es una libertad de mentirillas -esa para caminar deprimido por las calles, al lado del camino-, solo posible con dinero, pero nunca se tiene y se ahoga en licor y vicios. ¿Qué tan largo en el tiempo estamos de la esclavitud inventada por los anglosajones para someter pueblos al capitalismo y la ambición de unos pocos? Me temo que la respuesta puede ser desalentadora...


Por todo eso no es sorpresivo que en estos lugares se haya "desencadenado" el crecimiento de la violencia, de la miseria y la pobreza, el desencanto político y todos los índices sociales, sean de pena nacional. Aspiro que este gobierno que ahora ingresa al poder, realmente se ponga las pilas y se concentre en este gran reto.

viernes, 7 de marzo de 2014

Garabeet o la necesidad (prólogo de novela Cuando la muerte no alcanza)

A propósito de la mención de Óscar Arias Sánchez sobre Juan de Cavallón y la dinastía de conquistadores en adelante, me permito recordarles mi primera novela "Cuando la muerte no alcanza", que se encuentra en librerías Lehmann, Internacional y Universitaria. También la puede adquirir por Internet.

Garabeet o la necesidad*
Tatiana Lobo Wiehoff

Cuando la muerte no alcanza, novela de Geovanny Debrús Jiménez, me recordó esos viejos romances medievales -como los temas artúricos del Grial- que desdeñaban el documento para privilegiar los elementos fantásticos.. Debrús Jiménez supedita los hechos históricos y el dato entnográfico a su propio deseo literario, pero lo hace respetando la concretidad de la Conquista al describir el violento encuentro entre los huetares y el invasor europeo.

El autor traza la figura del cacique Garabeet (Garabito) sobre el perfil del héroe arquetípico de todos los tiempos y todas las culturas. Cómo era realmente este guerrero americano que por un tiempo logró detener el avance de las tropas españolas hacia el valle central de Costa Rica es muy difícil de concebir, cuando no imposible, para la mentalidad contemporánea. Garabeet es emblemático, condensa a todos los guerreros de la resistencia indígena silenciados en los textos oficiales. Es un símbolo de la lucha armada contra el conquistador. Son estos valores constitutivos de la identidad costarricense los que justifican la re-creación de la historia con la mirada de un testigo contemporáneo que no se enmascara ni pretende camuflarse como cronista del pasado.

Sí, así es. La novela de Debrús Jiménez fabula el pasado con el imaginario del presente. Epopeya cuyo lirismo le permite saltar en el tiempo con la sola gracia de su admiración por la figura del héroe nativo; y con nostalgia por un mundo armónico que la codicia virulenta del conquistador destruyó, desarticulando la posibilidad de su renacimiento. . .

Nostalgia del pasado precolombino, un sentimiento ajeno a la geografía emocional de las y los costarricenses contemporáneos, para quienes el pasado ancestral es una tinaja de museo antes que la presencia activa de hombres y mujeres que alcanzaron una equilibrada convivencia entre individuo, sociedad y medio ambiente, estilo de vida que no logró sobrevivir a la espada, la cruz y el arcabuz. Después, con el advenimiento de la república, la historia oficial borró la resistencia indígena de los textos escolares creando así la ilusión de un país que nació sin contradicciones, al punto que un cierto ex-presidente negó, ante el actual rey de España, la existencia de población amerindia en Costa Rica.

Triste es decirlo pero las culturas autóctonas siguen siendo brutalmente avasalladas por la ansiedad eurocéntrica y los prejuicios que lo sostienen. Se oculta la realidad actual del indígena como se oculta sistemáticamente su pasado. En el imaginario colectivo costarricense “el indio” es un excéntrico, un extranjero. Aquí es donde surge la necesidad de voces literarias que, como la voz poética de Geovanny Debrús Jiménez, rompan el silencio, llenen el vacío y contribuyan a desinvisibilizar las etnias excluidas y a integrar, en la consciencia y los sentimientos, el origen violento de nuestro mestizaje y las luchas libertarias que nos significan hasta el presente.

*Prólogo de la novela "Cuando la muerte no alcanza".

sábado, 8 de febrero de 2014

En la memoria del vencido (cuento)

En la memoria del vencido

            Mientras Jaime le agarraba las manos, Hugo le arrebató de un solo tirón la blusa, con el sostén incluido en el paquete. Ella se impresionó, pero no reaccionó a cubrirse; no sabía en realidad cuál era su prioridad en ese instante.
En qué momento pensaron las mujeres que esconder el teléfono celular entre sus tetas lo protegía, pensó Hugo mientras juntaba el aparato que había rebotado y caído al suelo.
            Hugo miró de nuevo a la joven aterrada, con aquellos ojos quebrados en millones de piezas que le transmitieron una lástima indecible; como la que no sentía a menudo en esos atracos. Luego hurgó con la mirada en sus senos indefensos y posicionó en su memoria la forma precisa de sus pezones erguidos, en el centro de su aureola encogida, casi inexistente, víctima del frío de la noche veraniega.
            Seguidamente la miró de nuevo a los ojos, esta vez fijamente, para encontrar en ellos la dulzura de quien pudo habérsele brindado con cariño y pasión de haberlo conocido en otra circunstancia.
-          Apurate güevón, que nos ven, ¡corre ya güevón!

Hugo sabía que mirarla de nuevo, un segundo más, atrapar la imagen precisa, tendría mucho valor después, cuando le hiciera el amor a su esposa, allá en los tugurios del bajo…

Este cuento pertenece a mi más reciente libro "Eroscopio". Si desea leer el libro completo puede adquirirlo en:
1. Librería Universitaria, San Pedro de Montes de Oca.
2. Librería Duluoz, Barrio Amón, San José, contiguo a Bar La Marinita.
3. Envío por correo electrónico, previo depósito: ventas@culturacr.net.
4. Comprar libro en versión electrónica en Amazon: http://www.amazon.com/dp/B00GIAVSGG

® 2013. Derechos reservados. Geovanny Jiménez Salas, cc Geovanny Debrús Jiménez.
Comentarios bienvenidos:

martes, 4 de febrero de 2014

Inversión de la historia (cuento)

Inversión de la historia

Para Sila Chanto, por el concepto y su bella exhibición de arte Inversión histórica, orgullo costarricense en la Bienal de Venecia.

Los estudiantes se miraron pudorosos, bajaron el rostro y después estallaron en carcajadas al unísono, sentados al desayunador de la casa.
-          ¿Habrás semejante malacrianza… pretender que la historia ha sido manipulada… por conveniencia de mantener el poder de las clases? –dijo a medias mirando de soslayo a su madre, intentándolo, en medio de las carcajadas morbosas.
-          ¡Qué vergüenza la de estos progres, que hablar de historia debería ser algo normal, parte del vocabulario de cada día! –complementó Alexánder.
Raimundo, comedido como le era usual, había dicho más bien mucho. Alexánder, en cambio, estaba chispeante y sus ojos maliciosos indicaban que seguiría con su burla:
-          Todos quisieran tener su propio video exhibiendo la historia de su pueblo, sin pena, haciendo el ridículo, como si la historia fuera de dominio público…
En esos días, un video de la historia de Puritania había provocado un gran escándalo en redes sociales y medios de comunicación. La gente se alarmó de que se exhibieran las intimidades de las familias de esa comunidad, su genealogía, quiénes habían dominado la economía y política del pueblo a través de las generaciones, de mayor impacto fue aún que hasta se conociera de un héroe que tuvo una vez la comunidad; quien había salvado a todo el valle cuando pudo desviar una gran cabeza de agua. Todo aquello generó vergüenza en el pueblo, cómo era posible que se diera a conocer públicamente mediante un video.
-          Y esa tontería que se les ocurrió ahora, de que se enseñe historia en los colegios, eso sí está fatal, indecentes que son –dijo la madre de Raimundo, quien se acercó a escuchar las noticias con los muchachos.
-          “Guías de historia”, les llaman, los profes dicen que eso es terrible, porque ellos no están preparados para enseñar sobre eso –agregó Alexánder, con su tono cargado de morbo.
-          Escuché que uno dijo que le daba mucha vergüenza, que él no sabía ni la historia de su propio pueblo, mucho menos enseñar la de otros –se dejó decir, con la cabeza baja, Raimundo, casi temiendo la reacción de su madre, que era tanto inevitable como inminente:
-          Es una gran barbaridad, profesores estúpidos y el gobierno sin cerebro, no hay donde caer muertos hoy en día… y le digo Raimundo, usted no va a recibir ese vergonzoso curso de Historia, vergüenza les debería dar.
En las noticias, después del reportaje, vino una discusión sobre el tema, entre un defensor de la iniciativa y un contrario. La señora apagó, sin espera alguna, el televisor y siguió con sus oficios domésticos. Agarró un libro del curso de sexualidad humana, lo abrió en una página central, donde un cuerpo desnudo de mujer se mostraba por completo, y les ordenó:
-          Mejor pónganse a estudiar algo que valga la pena, ¡lean sobre sexualidad!


-          Pero es que es muy aburrido mamá, estar viendo mujeres chingas, es solamente un cuerpo humano, el mismo de siempre…


Este cuento pertenece al libro Eroscopio, se los comparto. Recuerden que el libro se puede conseguir en la 
Libreria UCR en San Pedro y en Libros Duluoz en Barrio Amón, contiguo al Bar La Marinita, por la parada de buses a Heredia. También lo pueden pedir a ventas@culturacr.net con envío por correo postal. Gracias a todos por su apoyo.

domingo, 12 de enero de 2014

El estruendo entre las distancias (cuento)

            Uno resume una noche así como la arrogancia del sudor. Se suda tanto y por tantas causas que sin darte cuenta ya estás seco, jadeante, tan áspero que debes acudir a las reservas de agua del cuerpo…y del bar. Estás perplejo, deliciosamente embobado, permitiendo la falta de armonía y la reiterada cadencia torpe de su cuerpo contra el tuyo. Refriega de hedores a cerveza que no se huelen, tímpanos que ya no perciben. Todo lo sinuoso es permitido, incluso besos jadeantes que no se tocan.
            Estaba por irme ese día, de hecho ya iba caminando hacia la puerta. Sentí una mano enrollada sobre mi brazo, la otra en mi cintura. “Me están asaltando”, pensé, “y en pleno gentío, en pleno baile extasiado”. Me volvió de un tirón cuando ya presentía que se trataba de algo más que un burdo asalto. Cobarde me sentí al verla desplegar sus movimientos pretendidamente sensuales sobre mi vientre. Le seguí el juego y bailé a su ritmo, seguí mi camino, pero no me lo permitió.
            Esa noche entendí que rara vez notas cuando una mujer te admira, es más, no te das cuenta ni siquiera cuando te ve. Tenía media hora de recibir desprecios y pedanterías de las “muy lindas” que frecuentan esos antros. Solo observaba, como todos los maes, el ir y venir de las nenas y, claro, medir cuan ebrias estaban para convertirse en presas.
            Al enterarme de eso decidí partir, “a veces es mejor compañía una cerveza en algún bar silencioso y tranquilo, que una mujer en un escándalo”, pensé antes de darme a la tarea de la retirada. Luego no pude evitar preguntarme, más como una afirmación, si en realidad el ruido les permitía a esas mujeres callar para no tener que entregarse en su ignorancia y superficialidad. También luego supe que para mí aquel estruendo “reggaetonero” me permitiría también callar sobre mi vacío de palabras y mi escaso ánimo para complicarme con diálogos cansinos. La diferencia era que ellas no las necesitaba para expresarse, en cambio yo estaba harto, con todo el tedio de la desilusión, de usarlas, a las insulsas palabras. Era un buen momento para el silencio en medio del bon bon embrutecedor. Un agotamiento compartido.
            Desplegaba casi con arte sus manos sobre mis relieves y, aunque suene cursi, a veces ni me tocaba. Trazó una ruta de efervescencia con cada movimiento, se volvía hacia atrás proponiendo sus glúteos como una ofrenda al dios del  relajo. Regresa al frente, me tomaba las manos, las dejaba caer sobre sus pechos, pero cuando yo reaccionaba, sobrevenía inevitable la huida, en el mismo zigzageo de su baile. No se dejaba tocar, pero me tocaba a su antojo.  El dominio tenía dueña. Su nombre ya no importaba.
            -¿De dónde sos? –le insinué como a la media hora.
            Su mirada cómplice, risueña, pícara, me dejó en silencio de nuevo. Definitivamente mejor callar para que la noche nos llevara sin hallarle significados.
            Ella vivía su ebriedad, estaba en su mundo. Solo dijo “chao” y desapareció entre el gentío, después de dos horas de sudor silencioso.

            Pudo ser tu hermana, quizás tu novia, o una amiga con derecho, solo pude ver que la saludaste un día de estos y te brillaban los ojos.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Los techos de la literatura costarricense en la actualidad y soluciones

Uno lee con tristeza cómo lectores costarricense dicen: "El problema es que los escritores ticos solo escriben cosas horribles o incomprensibles". Otros resienten la ausencia de temas y tratamientos interesantes, solo algunos, muy pocos, admiten calidad y se dejan encantar por la obra nacional. Yo creo que, según lo observado en las últimas décadas, el gran problema de la literatura costarricense pasa por la carencia de buenos lectores, pero también por su incapacidad para ganárselos. Debemos reconocer que las culpas acumuladas siempre son compartidas.

Por un lado, algunos escritores ticos escriben bien mal, de manera aburrida o bien infumable, y poco les importa, porque su afán es hacer catarsis literaria, más que ser leídos; es decir, su fin es egoísta al dedicarse a escribir. Y como tienen la argolla necesaria, pues salen publicados. En el mar de libros que conforman la literatura costarricense, muchos de estos libros producto del descuido toparán con lectores primerizos que, después de haber soltado un clásico o un best seller -ambos con ventaja-, se acercan a estas lecturas. La imagen de la literatura nacional queda ahí inutilizada.

Por otro lado, buenos escritores, preocupados por ofrecer libros de calidad y que gusten, se dan a la tarea de acercar sus libros a la gente, pero se topa con cerca: no hay una adecuada y ambiciosa promoción y comercialización de los libros que se producen. Asimismo, aunque la comercialización fuera medianamente exitosa y esforzada, subyace el otro gran problema: el costarricense no lee (y así lo demostró la primera Encuesta Nacional de Cultura hace dos años). Los escritores siguen aquejando que después de publicar sus libros estos pasan a engrosar las bodegas de las editoriales estatales.

En consecuencia, la literatura y la empresa librera en Costa Rica subsiste por dos razones: 1) las editoriales del Estado son subsidiadas, de lo contrario no podrían existir (la Editorial Costa Rica, por ejemplo, gasta 450 millones por año para poder lograr 31 nuevos títulos); 2) las editoriales privadas hacen un gran esfuerzo por vender y hacen tirajes pequeños, que les garantizan pronto retorno de la inversión, además de que algunas ofrecen otros servicios de impresión para acompañar la edición propia.

En Costa Rica, los dos grandes temas a resolver en el tema del libro y la literatura son: lectura y comercialización. Y ambos problemas requieren una acción de conjunto, decidida, al nivel de proyecto país. Ahora que estamos en elecciones, aquí dos propuestas en este sentido.

Este país necesita, con prontitud y urgencia, un Plan Nacional de Promoción de la Lectura (PNPL) (que involucre entidades públicas y privadas: MCJ, MEP, Conare, Cámara del Libro, librerías, medios de comunicación, editoriales, promotores culturales, centros culturales, entre otras), es decir, que no sean esfuerzos aislados como hasta ahora. Este Plan Nacional de Lectura debe pasar por el tamiz de las experiencias que se tienen, pero ante todo debe articular una propuesta articulada y bien estructurada que ponga a miles de personas en contacto con el libro, la imaginación y, ojo aquí, la posibilidad de comprenderlo. Se requieren cursos para enseñar a leer literatura, aunque suene rato; hablamos de talleres de promoción de la lectura que enseñen claves para el adecuado acercamiento a los libros y su disfrute. Se requiere promoción mediática y actividades a lo largo y ancho del país, se requiere comprometer a los docentes interesados del MEP y se requiere capacitarlos para que ellos mismos apliquen técnicas de lectura en sus aulas, entre muchas otras acciones puntuales.

Asimismo, hace rato viene siendo primordial un Plan Nacional de Ferias y Festivales (PNFF) que acuerpe, organice y coordine las ferias libreras del país durante el año (igual, con MCJ, MEP, Cámara del Libro, librerías, promotores, municipalidades, editoriales, medios, patrocinadores y demás) y cree festivales interdisciplinarios del libro, por ejemplo, un "Festival del Libro" en abril, que incluya teatro, cine, música, danza, cuentacuentos y actividades que se sustenten en libros. Este plan debe incluir la Feria Internacional del Libro, así como ferias regionales, primero en los cantones principales: Pérez Zeledón, San Carlos, Liberia, Puntarenas, Nicoya, San Ramón, Palmares, Heredia, Sarapiquí, Turrialba, Limón, Pococí, entre otros. Luego se deben ir incluyendo otros cantones, todo articulado con las municipalidades y asociaciones de desarrollo o, en su defecto, con organizaciones comunales de cultura.

Con estos planes todos los involucrados se verán beneficiados, desde el librero -que ya no ve clientes llegar a sus tiendas- hasta los profesores del MEP, quienes verán a corto y mediano plazo mejores estudiantes, leyendo y aprendiendo incluso por sí mismos.

Pero se ocupa presupuesto y se ocupa que esto sea parte de un proyecto país, es decir, que se apoyado por un gobierno desde arriba. Se ocupa acción política. Ojalá el próximo ministro o ministra de Cultura escuche estas propuestas, pero que además tengamos un Presidente que le dé prioridad. La lectura no es solo un negocio para editores, menos aún para escritores, la lectura y el libro son el ejercicio intelectual para mejorar a la población, una manera eficaz de educar y educarse.