domingo, 5 de abril de 2015

Los momentos inolvidables de la Costa Rica de las últimas décadas

Después de haber vivido más de 4 décadas, es inevitable sentir alguna vez que hay momentos impactantes que no tienen olvido. Los personales se quedarán conmigo, pero como ciudadano de Costa Rica, un recuento no me viene mal. ¿Vivió usted lo mismo o le importó tanto como a mí en estas últimas décadas lo que sigue? Hagamos el experimento...

En el fútbol me doy por satisfecho, más de la cuenta y de lo que esperaba. Puedo mencionar especialmente dos mundiales, el primero sin duda es Italia 90, el otro fue el 2014. En ambos la sorpresa imperó y por eso la maravilla. También pude vivir el tercer lugar de Saprissa en el Mundial de Clubes y su declaratoria como el mejor equipo del siglo.


En deporte, además, es de digna mención histórica la gesta de las hermanas Poll en las olimpiadas, obteniendo las únicas medallas en la historia de Costa Rica. También recuerdo con alegría cuando el tico José Luis Molina ganó la maratón de Los Ángeles, una gesta usualmente olvidada.


En lo político hubo otro momento mágico: la elección del primer gobierno PAC, no solo porque yo he sido un partidario del pensamiento y acción de esta agrupación, sino porque se logra romper el bipartidismo histórico a nivel partidario, aunque ya se venía gestando desde el 2002. Además porque ya muchos daban por muerto al PAC y porque es la remontada de la socialdemocracia en el ideario político costarricense. Finalmente, porque la izquierda tira más de su lado y detiene el avance confuso e incluso corrupto de alguna derecha apartidaria y más preocupada en los negocios que en la política y mucho menos aún en el país.


Ese momento tuvo un precedente mágico también: la crecida asombrosa del PAC en el 2002 que logró llevar las elecciones nacionales a una segunda vuelta, como no había sucedido hacía muchísimos años.



El otro suceso político inolvidable incluye una derrota que me supo a triunfo: el referendo por el TLC. ¿Por qué me supo a triunfo? Nunca imaginé siquiera que el movimiento cívico y patriótico de este país llegara cerca o estuviera a punto de romper los hilos de marioneta que traía impostados en los últimos años. El dominio empresarial, de los políticos empresarios o empresarios políticos, se empieza a resquebrajar y se exhibe su moral y su ética como nunca antes. El TLC en el 2007 fue el clímax de una lucha social que venía enervando el pensamiento de los costarricenses. Y lo viví y fui un NO al TLC, y creo que nunca me arrepentiré de ello, tomé la mejor elección.

No voy a negar, de ningún modo, que me siento feliz por vivir la época del Papa Francisco. Sin ser religioso ni católico, más humanista y espiritual que otra cosa, el Papa Francisco ha venido a transformar no solo esa anacrónica y retrógrada religión, sino los preceptos, creencias y ética de la sociedad contemporánea. Un líder de este vuelo incluso guarda el respeto de los más ateos, escépticos y críticos del cristianismo. Joaquín Sabina, el cantautor, se dejó decir que le preocupa este Papa: "es el único que ha demostrado creer en Dios", dijo.


El cambio del siglo y de milenio fue todo un evento que no se olvida. La famosa amenaza de las computadoras en cero, los fanáticos religiosos hablando del fin del mundo y estupideces afines, la ansiedad y los nervios por vivir justo el instante de las doce medianoche de ese día, son parte de un cúmulo de cosas que le dieron poder a ese cambio histórico. No son muchos los que han venido a este mundo que pueden pasar a la vez un cambio de siglo, pero además un cambio de milenio. Recuerdo una señora que a las once y media de la noche lloraba desconsolada en la puerta de un culto y alguien le preguntó: "no estoy preparada para morir en el fin del mundo", dijo ella. Alguien se acercó y le dijo: "señora, ya el cambio de año pasó, en Australia, Japón y otros lugares, y nada pasó, tranquila". Ella no entendió pero algo le decía que mejor se tranquilizaba.



En 1989-1990 también me permeó fuertemente la caída del bloque socialista soviético, la caída del muro de Berlín y mi ingreso a la Universidad de Costa Rica en el año 1991. Mi mundo se transformó, del pueblerino ingenuo y usualmente feliz, aunque aburrido, pasé a ser un joven lleno de asombro. Unos años antes Óscar Arias había ganado el Premio Nóbel de la Paz después de un proceso de pacificación exitoso que devolvía a Nicaragua y El Salvador de una época de terror, odio y dolor. Luego Arias perdió el rumbo y el poder lo embelesó, y sobrevino una década inerte, torpe, perdida.

También pude vivir la elección del primer Presidente negro en los Estados Unidos, la muerte de un extraordinario como lo fue Nelson Mandela y ver la locura de dos aviones comerciales estrellándose contra las "Torres Gemelas" de Nueva York, en lo que sería una histórica transgresión del islamismo al poderío unipolar estadounidense.


Me tocó vivir varios terremotos, particularmente recuerdo el de la Semana Santa de 1983 en Pérez Zeledón que me paró los pelos como nunca antes. Vivía en Coto Brus y vi los árboles moverse como si fueran decoración. El otro inolvidable fue el de 1991, el de Limón, que me agarró en el tercer piso de la Escuela de Generales de la UCR, en pleno curso de Humanidades, a solo unos minutos de exponer mi tesina con otros compañeros. En ese momento, precisamente, una compañera estaba leyendo sus fichas frente al aula, cuando sentí como que me movieron la silla... lo demás fue caos, llanto y vidrios y ladrillos cayendo en los pasillos. En el 2000 hemos tenido muchos terremotos de mediana intensidad, pero quizás es el de Cinchona por cercano el que más revuelo e impacto me causó, principalmente por la desgracia humana que trajo, al igual que los de Pérez Zeledón y Limón.


¿Y quién olvida el eclipse de sol que vivimos en julio de 1991 -este año junto con el 2015 se confirman como los más intensos en la historia patria o, al menos, en la personal-? A las 2 pm las gallinas yendo al gallinero, los animales asustados ocultándose, los protectores solares para verlo y, no podían faltar, las supersticiones y amenazas de tragedia apocalíptica de los cultos. Maravillas que uno solo verá una vez.


Pero si de rebeldías naturales se trata, indudablemente también recordaré -si vivo para contarlo- que fui parte de las erupciones decididas y reiteradas del volcán Turrialba, que saboreé en mi boca el sabor de su ceniza y que la barrí de donde vivía en ese momento, muy al oeste, en Pavas, San José.


Un acontecimiento que me llenó especialmente de alegría fue ganarle el juicio a Industrias Infinito y su intenciones de minería en Crucitas, y erradicar de Costa Rica la minería a cielo abierto, porque se dio casualmente el mismo día del nacimiento de mi segundo hijo: el 24 de noviembre de 2010.


Uno que otro acontecimiento importante estaré olvidando, por eso me dejo la prerrogativa de ampliar esta nota en cualquier momento. Y usted, ¿cuáles momentos le resultan inolvidable y que agradece haber vivido?