lunes, 18 de febrero de 2013

Un Premio García Monge a "Informe 11 las historias" muy cuestionable

El Premio Joaquín García Monge a la promoción cultural, en esencia, fue creado para incentivar aquellos esfuerzos de una persona en ese sentido, es decir, para estimular esfuerzos en la divulgación de los valores culturales costarricenses. García Monge así lo hizo con la literatura desde la maravillosa vitrina de su Repertorio Americano, una revista latinoamericana progresista para su época; con mucho esfuerzo, con pocos recursos y con el deseo de dar a conocer a los talentos de las artes literarias y visuales. En esencia este no es un premio meramente periodístico.

La ley de Premios Nacionales (creada en 1961) dice que este reconocimiento se dará "a quien haya realizado, dentro del país o fuera de él, una labor de divulgación y promoción de los valores culturales costarricenses, por medio de la prensa, la radio o la televisión, o bien una labor educativa en cualquiera de esos medios dentro del país".

Este año un jurado formado por los periodistas Lorna Chacón, Rocío Álvarez y Boris Ramírez decidió darle el premio para el 2012 al programa "Informe 11 las historias", situación que varias personas han considerado desacertado por varias razones. Me uno a esa reflexión y expongo a continuación las inconsistencias del caso:

1) Aún cuando en años anteriores algunos jurados decidieron darlo a entidades, la ley dice que el premio debe darse "a quien" no dice "a quienES". Sin embargo, premiar entidades o programas últimamente se ha vuelto usual: Canal 15, Radio Universitaria (con ella se inicia la moda desde 1992), programa Café Palace, programa de producción audiovisual de la UNED y ahora Informe 11. En esencia, no molesta que un programa o entidad que promueve y da a conocer la cultura sea premiado, pero en este último caso hay otras inconsistencias:

2) El García Monge es un premio para quienes divulguen la cultura como actividad principal, no como rebote, es también parte de su esencia. Premiar un programa que se encuentra por rebote a la cultura en busca del raiting popular, que se centra en lo chabacano y que no tiene cuidado ni investigación de los significados culturales, es premiar a una cultura de lo pueril, de lo mediático y de lo fácil, más que una cultura de la reflexión, del análisis y, muy importante, del ideal para el verdadero desarrollo social y cultural de un país. No rechazo, en lo absoluto, el folclor y lo popular, pero considerar cultura solamente a lo folclórico es considerar a la cultura un valor agregado del turismo para anglosajones. Un ejemplo de lo dicho con respecto a "Informe 11 las historias" fue la "cobertura" del "Juego de los Diablitos" en Rey Curré; ahí estuvimos y vimos al personaje conocido como "El Galán" haciendo uso de lo más burdo del entendimiento popular sobre nuestras tradiciones culturales indígenas: su apreciación de los diablitos fue de unos seres malos y cargados de esa aura de temor, aún cuando la tradición más bien quiere dar a conocer que son los diablitos (paganos contra los españoles de la conquista genocida) quienes deberían ser vistos como los buenos y quienes al final logran sobrevivir y triunfar ante el toro. Pero ahora gracias a "Informe 11 Las Historias" la gente entiende que los diablitos indígenas son los malos, reproducción del prejuicio arraigado en nuestra cultura xenofóbica. ¿Investigaron un poquito antes de irse para allá, entendían de qué se trataba esta tradición, REALMENTE les importaba dar a conocer la cultura o la cultura es el útil para el raiting? Y eso sucedió solo una semana después de anunciado el premio de marras. Indignante.

3) En la línea de lo anterior y reforzando el criterio de que un programa como este reduce la cultura a lo simplón y trivial, agregamos lo que sigue. En esta misma línea, hago eco del comentario de Soren Vargas sobre el hecho de que el actor (Galán) hace su trabajo: “le toca dar la cara por empresas de comunicación que banalizan la profundidad cultural para convertirla en otra hamburguesa”. Y agrego este comentario del periodista cultural Eduardo Muñoz, quien opina que para este programa premiado “el acervo cultural es algo accesorio, pintoresco, curioso, inactual o folclórico, pero nunca dimensionado en el contexto en el que ocurre, como si lo hacemos los periodistas y promotores culturales. No critico que haya ese tipo de programa, lo que critico es que lo pongamos al mismo nivel de un Alfonso Chase, Carlos Morales, Dionisio Cabal y el Semanario Universidad, para mencionar algunos que si lo merecieron de verdad”. Por eso mismo, el argumento de Boris Ramírez, jurado, de que “Hoy día, los efectos virales de la masificación; los esfuerzos de la industria del consumo por crear íconos desde la mercancía y la debilidad en el apoyo a una política pública vigorosa, son factores que amenazan las manifestaciones culturales diversas de la identidad nacional” y que por eso se lo dan a Informe 11, es sencillamente tan incomprensible como incoherente. Asimismo, como cierre estamos claros de que este programa “es un claro ejemplo como la producción televisiva en un afán de no polemizar, sino solo de entretener, ignora intencionalmente el contexto, y reduce la nota sobre un acto creativo a la ´señora que se la juega pintando´, o ´al doncito que es un gato haciendo esculturas´, o ´la viejita cocinera”, como bien afirma Muñoz. Por eso tampoco es de recibo cuando Ramírez dice que "Informe 11 es un oasis en medio de la banalización que vemos en la televisión. Su formato televisivo refleja una importante capacidad de producción (que) aprovecha un espacio estético pleno de vínculos y significaciones sociales”, criterios que me siguen pareciendo incomprensibles.

4) El García Monge NO es un premio para valorar la calidad de la producción televisiva o audiovisual, o la propuesta periodística de un medio; es más bien para hacer feliz a un verdadero interesado en la cultura y que realiza esfuerzos por llevarla a muchos espacios, que la gente la conozca y la conozca adecuadamente. En este sentido, sobran a la vista ejemplos de galardonados anteriores: audiovisuales de la UNED, Evelyn Ugalde, Canal 15, Aurelia Dobles, Patricio Primus, Osvaldo Valerín, Manuel Delgado, entre otros. Como usted podrá apreciar en los argumentos del jurado y según lo que escribe el mismo Boris Ramírez, el formato televisivo es el componente central desde el cual se valora el supuesto aporte del programa. Es comprensible si nos damos por enterados que los decisores este año fueron 3 periodistas, uno del MCJ, otro del Colegio de Periodistas (Colper) y una tercera de la UNA (quien de paso no firmó el acto por ausencia ¿voluntaria?). Para premiar el esfuerzo del periodismo está el “Premio Pío Víquez” que da el MCJ, que también tiene un representante del Colper en el jurado. También está el conocido “Premio Vargas Gené” que emite el mismo Colper también. Incluso los alicaídos “Premios Áncora de La Nación” tienen una categoría de producción televisiva, en la que curiosa y acertadamente ganó, sí, Informe 11 las historias. Asimismo, si lo que se quería era premiar la difusión del folclor y la tradición costarricense entonces para eso existe en el mismo MCJ el “Premio de Cultura Popular Tradicional”, no el García Monge. La esencia del García Monge no es la de un premio al periodismo, es un premio a la cultura en primer lugar.

4) Los premios del Ministerio de Cultura fueron creados para estimular la cultura –así como la ciencia, pero no viene al caso- aportando un incentivo económico a proyectos relevantes para la difusión de la cultura, con ese espíritu fueron creados y así fueron entregados durante décadas. La razón principal de ser de ese estímulo es que fuera económico, por eso la Ley lo dota de 8 salarios base de un profesional 3 del Estado (que ronda los 8 millones de colones). Premiar un programa con capital transnacional y amplios recursos para su trabajo –buscar el rating- es como darle un premio económico del gobierno a Carlos Slim –el mayor millonario del Mundo- por su “valioso aporte” a las telecomunicaciones. Aquí, nuevamente, el García Monge pierde su esencia original y malogra fondos estatales –a no ser que el programa donara el premio a algún proyecto cultural realmente importante, y menciono el ejemplo del Proyecto Jirondai y su magnífico trabajo para la difusión del canto, la música y tradición cultural indígena, tanto dentro como fuera del país (como lo pide la misma Ley).

5) Asimismo, es importante decir que también es una pena que no se premie e incentive el esfuerzo que realizan los medios alternativos de comunicación, que sin recursos y en condiciones de pobreza –por no decir miseria en algunos casos- realizan un trabajo muy importante por amor a la cultura. También es importante considerar en el futuro al Movimiento de la Cultura Viva Comunitaria, que lleva cultura a comunidades mediante programas importantes como las peñas culturales.

5) Por último, el dar un premio cultural a un programa que “solamente se interesa por las historias positivas” reafirma esa visión explotada a nivel gubernamental del “país más feliz del mundo”, que le resta realidad y le quita –como ya dijo Muñoz- criticidad y veracidad a la cultura. La cultura es diversa, amplia, contradictoria, buena y mala, norte y sur, ecléctica, independiente y pasión también.

¿Qué no estoy de acuerdo por razones personales porque yo esperaba ganarlo, que mi razón tiene que ver con que rechazo a los medios masivos transnacionales? Eso sería reducir todos estos argumentos a lo personal y creo que no viene al caso, estas razones se sostienen por sí mismas.

Con todo el respeto que me merecen profesionales como Boris Ramírez y Lorna Chacón –quien ostenta ahora el cargo de Jefa del Despacho del Ministro de Cultura-, pero creo que este año, en palabras de “Hablando claro” –el programa de Vilma Ibarra y Boris Ramírez- habrá que aplicarles “la cajita blanca encharolada” a los jurados, con este desacierto cultural. De hecho, esta la primera vez en la que muestro desacuerdo con el otorgamiento de este premio.

2 comentarios:

Eduardo Muñoz-Sequeira dijo...

Estimado Giovanni: Muy bien articulado, claro y directo. Las cosas se dicen sin pelos en la lengua. Y aunque respeto a mis colegas Boris Ramírez y Lorna Chacón, a quien siempre he considerado una periodista con una gran sensibilidad artística, concuerdo con vos que en realidad ambos metieron no una , sino ambas patas. Si yo fuera el Ministro de Cultura pondrá las barbas en remojo y antes de dejar el MCJ debería dejar caminando la tan caracareada reforma a Premios Nacionales, de la que me comentó en una entrevista durante su primer año en el ministerio; y aquí sigo esperando que se concrete.

Geovanny Debrús Jiménez dijo...

Es correcto Eduardo. En cuanto a la reforma, que más bien es la aprobación de una nueva Ley de Premios Nacionales, en estos momentos precisamente está en Comisión en la Asamblea Legislativa. Aquí un reportaje al respecto:

http://www.culturacr.net/13/02/Varios-premios-desaparecen-y-otros-surgen-con-nueva-Ley-de-Premios-Nacionales.html